martes, 28 de abril de 2015

PASO 2015 - Primera jugada

Si hay algo que evidenciaron las PASO de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires del domingo es el rotundo éxito comunicacional del PRO. Lograron convertir la PASO en casi unas PCO (Primarias Cerradas Obligatorias). Muchos votantes entendieron que debían dirimir entre los dos candidatos del macrismo, y que todo el proceso electoral se reducía a ello. Se construyó con ayuda de algunos medios (muy poderosos) esta gran falacia que satisfizo el apetito de todo tipo de votante: desde aquellos que son simpatizantes del PRO hasta aquellos que lo detestan. Era común leer frases como: “Macri pone en juego su liderazgo y su proyección nacional al expresar explícitamente su apoyo a Rodríguez Larreta, más aun cuando las encuestas muestran una ventaja importante a favor de Michetti”. Al día siguiente, o un par de días después para no resultar tan burdos, anunciaban que la diferencia se iba acortando; implícitamente estaban instalando el impacto del liderazgo del insulso Mauricio.

Nunca estuvo en juego nada. Si hubiera ganado Michetti, la imagen habría sido la misma: Macri exultante diciendo que todos los votos eran del PRO y los medios concentrados diciendo que el 47% de los porteños y porteñas eligieron al partido de los globos amarillos. “Mauricio Macri se anota un nuevo poroto” habrían titulado el lunes.

Sea como fuere, este voto “estratégico” de quienes votaron a Michetti para perjudicar a Macri no puede representar más que algunos pocos puntos porcentuales. Así, habría tres tipo de votantes de Michetti: (1) Aquellos que la votaron para perjudicar a Macri (probablemente el subgrupo más pequeño), y ahora migrarán hacia otras fuerzas políticas. Es sin dudas a este grupo al que el FpV tiene mayores chances de seducir. (2) Aquellos votantes de Michetti que valoran su condición de ultramontana, perteneciente a la derecha conservadora católica, y que por tanto encontrarán en Rodríguez Larreta al sustituto más cercano del conjunto disponible. (3) Por último están aquellos que perciben de Michetti una imagen más pulcra y honesta en comparación a Larreta. Es probable que al menos algunos de estos migren hacia otras opciones, fundamentalmente a ECO, simplemente porque la transición es menor que al FpV dada la alianza nacional de los referentes principales de cada partido. Esto queda manifiesto en el discurso de la hilarante Lilita Carrió donde quizás pasó desapercibido pero pisoteó la delicada estrategia electoral que debe construir su candidato de ahora al 5 de julio y al balotaje para diferenciarse de Rodríguez Larreta, diciendo que el 70% del electorado de la CABA había votado a favor de la república. Sin dudas priorizó su propio posicionamiento nacional apalancándose en su delfín, pero perjudicándolo al mismo tiempo. No es de sorprenderse, nunca se ha caracterizado por su generosidad política pero sí por su espíritu destructivo.

Analizar los motivos por los cuales ganó el PRO las PASO sería materia de otro artículo, caso contrario sería inacabable y se perdería el hilo. Sin embargo, es una reflexión que debe realizarse porque el triunfo fue contundente: ganaron en todas las comunas. Hay mucho que el macrismo no ha hecho (http://www.orillasur.com/razones-para-votar-al-pro/) y no por falta de tiempo, sino por falta de voluntad, porque no responde a su visión de lo público. Pero han hecho muchas cosas que el votante porteño aprecia, quizás producto de las décadas de escuchar que tal o cual cosa no se podía hacer por falta de la autonomía de la ciudad y años de cosas que no se hacían porque la economía a nivel nacional andaba mal. Es cierto que el macrismo ha gobernado la ciudad en la época de mayor crecimiento de la economía nacional. Es cierto que han aumentado los impuestos como ningún otro gobierno, más que cualquier índice de inflación. Es cierto que no construyeron nada de los subtes que prometieron y que en cambio construyeron carriles selectivos costosísimos para los mismos colectivos que ya circulaban, muchas veces destruyendo obras que habían terminado poco tiempo atrás (como en el caso del boulevard en Cabildo) desnudando su ineficiencia en la planificación –o la buena predisposición a enriquecer a quienes realizan las obras, para los más escépticos. Es cierto que las bicisendas en muchos casos son un cordoncito y una demarcación y que el carril más próximo al cordón cuneta es inutilizable por el desnivel y las roturas. Pero también es cierto que el metrobus reduce el tiempo de viaje de los usuarios, y que las bicisendas malas o buenas sirven y hacen que el viaje en bicicleta sea más seguro. También es cierto que quizás el contrato de la basura sea desastroso pero la basura ya no se acumula en las esquinas, y la ciudad está más iluminada. Cada uno de estos puntos merece un análisis exhaustivo, pero aquellos que somos opositores al PRO deberíamos estudiar bien la porción de lo que se hizo bien porque evidentemente, por pequeña que esta sea, les alcanzó para tener un triunfo aplastante. Inversamente, el ejercicio insistente de mostrar lo que no han hecho o han hecho mal (cultura, salud y educación pública, negociados con grupos concentrados como Clarín y las netbooks), que es mucho y grave, tampoco nos sirvió para restarles votos.

Pero volvamos a lo que nos atañe: las PASO en Capital y sus posibles repercusiones a nivel nacional. La jugada de respaldar a Rodríguez Larreta ha sido riesgosa por todo lo expuesto anteriormente pero también porque el ahora candidato a Jefe de Gobierno por el PRO tiene menos carisma que un helecho. Ayer un amigo me dijo “el carisma se compra”. Como economista si algo se me ha inculcado es que los mejores resultados sólo son tales en el contexto de una restricción presupuestaria. El óptimo irrestricto es casi un oxímoron en economía. No puede decirse que es una utopía porque de ser posible casi que la vaciaría de sentido como ciencia. Todo esto viene a que de hoy a julio y luego a agosto y octubre, Macri tiene un presupuesto determinado y una cantidad finita de obras que puede inaugurar para aumentar su imagen positiva y la de su candidato a Jefe de Gobierno. Ambos deben lucirse con las mismas obras y bien reza el dicho popular “muchas manos en un plato, hacen mucho garabato”.  Esto refuerza la pregunta de hasta qué punto Macri tiene campo de acción para hacer crecer su candidato sin comprometer su propio crecimiento.

El carisma no es una variable menor a la hora de pensar un escenario de balotaje. El mismo candidato del PRO reconoce que es altamente probable que dicho escenario se presente. ¿Qué pasa si Michetti decidiera alejarse del PRO, o al menos no dar un apoyo manifiesto a la candidatura de quien fue su rival hasta ayer? Michetti hasta el momento descartó integrar la fórmula con Macri para la presidencia. ¿Y si modificara su postura? ¿Habrá sido todo parte de una estrategia para dar una nueva muestra de fortaleza del PRO en CABA y por el principio de transitividad fortalecer a un candidato débil como Rodríguez Larreta? Interrogantes como este hay montones, pero de nuevo… no nos distraigamos. Michetti era una candidata con mucho más carisma (mal que me pese) para enfrentar a otra fuerza en un escenario de balotaje. Si la elección no se definiera el 5 de julio próximo en primera vuelta, y se repitiera el orden de las PASO, quizás el PRO, con su candidato ayer elegido, se la vería más complicada con el candidato de ECO. Pensar en los votantes del FpV apoyando a Rodríguez Larreta es bastante más inverosímil que imaginarlos poniendo la boleta de Lousteau en la urna, más allá de los esfuerzos destructivos de su jefa política. Uno imaginaría que los votantes de Ocaña también se inclinarían hacia el ex Ministro de Economía de Cristina (aunque quizá algún que otro votante que “la hormiguita” conquistó en sus épocas de coqueteo político con De Narváez elijan votar al PRO). El resto de los votantes se dividirían presumiblemente según la ideología del candidato que votaron inicialmente. Así, por ejemplo, aquellos que votaron partidos de izquierda quizás encuentren mayor proximidad a las propuestas de ECO que a las del PRO. Hablar de votos en blanco o nulos distraería el análisis y no creo que sean protagonistas en ninguno de los escenarios políticos posibles, es por ello que no se han tenido en cuenta en estos esbozos de análisis.

En un mundo estocástico a todos los escenarios se les puede asignar una probabilidad que va entre 0 y 1. Imaginar una segunda vuelta en la que el FpV sea el contendiente tiene sin duda una probabilidad en ese rango, aunque es de suponer que sea cercana al extremo inferior. Así, si se diera (porque ex post la probabilidad siempre es 0 o 1), es bastante razonable suponer que se repetiría un escenario como el que vivió Filmus en 2011, quizás menos arrollador, porque Rodríguez Larreta despierta un rechazo mayor (o causa menor simpatía según como se vea) en el electorado que su predecesor. Independientemente de esto, es lógico que el FpV continúe militando sus candidatos con el objetivo de seguir posicionándose en la ciudad y también para colocar la mayor cantidad de legisladores posible. Una estrategia inteligente debería lograr un delicado equilibrio de evidenciar las similitudes entre PRO y ECO pero sin exagerar; de lo contrario corren el riesgo de caer en la trampa de ser útiles a una nueva estrategia similar a la Michetti vs. Rodríguez Larreta de la que se habló en los primeros párrafos, pero ahora entre PRO y ECO.

Pero bueno, imaginemos que hemos llegado al 5 de julio, ninguno de los candidatos alcanza el porcentaje necesario para llevarse la victoria inmediata y pasamos al balotaje. Imaginemos que los dos más votados son Rodríguez Larreta y Lousteau. Claramente Lousteau no es Carrió, al menos no hay una correspondencia directa, inalterable y de durabilidad garantizada;  mucho menos es Macri. Pero no es descabellado creer que un triunfo de Lousteau no terminaría siendo una derrota tan tremenda para Macri como si ganara el FpV, porque después de todo la Ciudad quedaría en manos del delfín de su aliada, a quien probablemente borre del mapa electoral en agosto. Afortunadamente, permitiéndome la ironía, las alianzas de Carrió son como lo bueno y delicioso: duran poco (y encima no son buenas ni deliciosas), y una vez diluida la alianza con Macri, o quizás antes incluso, la alianza Carrió-Lousteau también se disolverá. Lousteau necesitaba apoyarse en la CC para tener una estructura de militancia para su candidatura. ¿De qué le sirve ahora una candidata que tiene menos de 7% de intención de voto a nivel nacional y que en su elección anterior no llegó al 2%? Si todas estas alianzas evolucionaran como generalmente evolucionan estos rejuntes de gatos en una bolsa, tendríamos un Jefe de Gobierno que no responde ni a Macri ni a Carrió. Resta preguntarnos cuán distinto sería a ellos sin ellos, pero ese es otro asunto.

Un triunfo de Lousteau implicaría no demasiado leverage para Carrió a nivel nacional. El electorado de la Ciudad de Buenos Aires si bien es importante no es definitorio en una contienda nacional, y Carrió no tiene candidatos fuertes en otras jurisdicciones. En cambio, quizás si bien a primera vista una derrota de Rodríguez Larreta en manos de Lousteau podría parecer un golpe a Macri, si sus asesores comunicacionales (que ya han mostrado su talento) lograran suavizar el impacto apelando a la alianza con Carrió, diciendo que lograron mantener la ciudad fuera del ámbito del kirchnerismo, o “en manos de la república” como tanto le gusta decir a la chaqueña y sumando algunas victorias electorales de aquellos a quienes él ha respaldado en otras provincias, su leverage incluso en la derrota sería mayor que el de Carrió, con lo cual a ésta quizás le convendría salirse de dicha alianza antes de la contienda nacional, lo cual resulta improbable en el margen al menos en el escenario actual.


El escenario político de los próximos meses es complejo y apasionante. Veremos cómo los candidatos van jugando sus cartas.-

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