viernes, 26 de abril de 2013

Sobre la inflación y la opinión pública

Esta nota está motivada lógicamente por el episodio que vivió recientemente el Ministro de Economía, Hernán Lorenzino, en una entrevista para un documental griego. No creo que sea necesario comentar más la situación porque todos y todas deben estar al tanto. Verdaderamente me sorprendió la ingenuidad o falta de habilidad si se quiere con la que Lorenzino manejó la situación. En los siguientes párrafos se esbozan algunas de las respuestas que podría haber dado, sin faltar a la verdad, aunque quizás omitiendo detalles que podrían tener un costo político alto –no seamos ingenuos, un político cuida su oratoria para evitar tales situaciones. Asimismo finalizo el texto dando algunas opiniones sobre la cuestión de fondo que es la inflación en nuestro país, para no hacerme el desentendido, vio?

Esto no pretende ser un artículo con rigor académico así que me excuso de antemano por las eventuales (severas) omisiones que pueda cometer con el objetivo de simplificar el análisis.

No entiendo porqué reaccionó como lo hizo. Podría haber respondido montones de cosas, sin ponerse en un lugar tan complicado. La periodista no iba a repreguntar.

Podría haber dicho que muchas veces, la inflación es un fenómeno asociado a economías de alto crecimiento, un caso es el de Corea del Sur como se muestra en el gráfico 1. En el mismo, si se elige como fecha de inicio a 1966 y luego se aprieta "refresh" queda ilustrada la serie histórica desde 1966 a la fecha para el índice de precios al consumidor de dicho país. Corea del Sur es un ejemplo de un proceso exitoso de crecimiento que en sus inicios convivió con alta inflación, pero también debe decirse que eventualmente logró controlarla -lo que permite que el crecimiento sea sostenible en el tiempo. Hasta aquí podría haber llegado el Ministro. Me permito agregar en este texto que hasta el momento no hay evidencias sólidas que sugieran que el caso de Corea del Sur sea extrapolable en su totalidad al proceso que está experimentando la Argentina. Creo (digo “creo” porque las palabras vertidas en este texto son meras hipótesis, no son resultado de un estudio científico, como ya aclaré anteriormente) que la inflación en la Argentina no es un fenómeno atribuible pura y exclusivamente al crecimiento (esto queda en evidencia en que se ha mantenido alta –aunque un tanto morigerada, lo cual permite descartar el fenómeno de espiralización- incluso en los años en que se ha desacelerado la economía); hay sin dudas otros factores igual o más importantes. Sin embargo, repito a riesgo de ser reiterativo, esto no es un estudio académico ni pretende serlo. Es obvio que el Ministro no tenía necesidad de hacer tantas aclaraciones. Quien escribe las hace para “abrir el paraguas” ante posibles –y pertinentes- objeciones. Bastaba con que planteara la posibilidad que Argentina esté experimentando un fenómeno de inflación elevada dadas las altas tasas de crecimiento de la última década.

-Gráfico 1-

Source: tradingeconomics.com

Podría haber hablado de inflexibilidad de precios a la baja, podría haber hablado de algunos núcleos y sectores con poder de mercado para la fijación de precios y sostenimiento de margenes de negocio supranormales, podría haber hablado de los planes (que aún no se sabe bien en qué instancia de desarrollo se encuentran) para construir un nuevo índice de precios al consumidor, podría haberse concentrado más en la idea que ninguna de las consultoras privadas tiene las herramientas necesarias para realizar un relevamiento serio de precios de bienes y servicios para conformar una canasta representativa, contrastable consigo misma en períodos anteriores y posteriores.

Podría haber hablado de cómo en algunos países (incluso países desarrollados, uno de ellos: Estados Unidos) las métricas de nivel de precios al consumidor, más específicamente para el cómputo de la inflación núcleo, se excluyen bienes cuyos precios se consideran no sistémicos y de alta volatilidad (los precios de alimentos y la energía por ejemplo), haciendo que –de acuerdo a sus críticos- sus índices de inflación posean un sesgo hacia abajo (lo cual no necesariamente implica que estén subestimados puesto a que la definición científica por la cual se excluyen ciertos bienes puede estar fundamentada con un cuerpo teórico. No obstante, cabe destacar que existe polémica al respecto). En los gráficos 2 y 3 puede observarse este punto. Si se toman datos desde enero de 2000 a la fecha (realizando el mismo procedimiento  que en el gráfico 1 respecto a selección de fecha de origen, año 2000 en este caso, y presionando "refresh") para ver la inflación anual y la inflación núcleo (aquella que no incluye la influencia de los bienes citados). Puede observarse que la inflación núcleo es siempre menor y cuando se compara la evolución de los respectivos índices punta contra punta hay poco más de 10 puntos porcentuales de brecha en el acumulado.

-Gráfico 2: Tasa de inflación de EEUU, Enero de 2000-Abril de 2013-

Source: tradingeconomics.com



-Gráfico 3: Inflación Núcleo EEUU, Enero de 2000-Abril de 2013-

Source: tradingeconomics.com


Podría haber dicho que el gobierno es consciente de la desconfianza bastante generalizada que sufren las mediciones del INDEC, fundamentalmente las del  Índice de Precios al Consumidor (IPC). Podría haber dicho esto aún defendiendo las mediciones, pero aclarando que de nada sirven si los agentes económicos no las utilizan para la toma de decisiones. A esto, podría haber agregado que con el nuevo IPC federal que se supone que están elaborando pretenden cambiar esta situación.

Podría haber dicho que independientemente de cuál sea el nivel de precios y su variación interanual (inflación), en la Argentina gran parte de los salarios se determinan en paritarias libres que han resultado en incrementos salariales que suelen superar el 20% anual. Podría haber dicho que los incrementos en jubilaciones y pensiones han superado ampliamente la variación anual del IPC oficial. Podría haberse concentrado en que las políticas que han logrado composición (para quienes nunca tuvieron o no lo tenían hace tiempo) y recomposición de los salarios de los trabajadores hacen que según estudios internacionales, los indicadores y logros socioeconómicos en la Argentina de la última década hayan sido de los que más mejoraron en la región, estudios de organismos dependientes de ONU por ejemplo. A fin de cuentas, esto último tiene mucha más relevancia para quien quiere hacer un parangón de la posible trayectoria de la economía griega en una eventual salida del Euro, restructuración de la deuda, etc. De esto iba el documental para el que estaban entrevistando al Ministro en teoría después de todo.

Podría escribir mucho más, pero esto es una nota de opinión, no merece la pena extenderse demasiado y cuanto más uno escribe, más se aburre el lector y mayor es el riesgo de incurrir en errores y omisiones producto de la necesidad de simplificar para abarcar un público más amplio.

Habiendo dicho todo esto no habría mentido, son cuestiones que desempeñan un importante rol para explicar la dinámica de la inflación en la Argentina. Es innegable que la inflación existe, que es un problema y que lamentablemente aún no se ha logrado corregir (existe polémica entre los más detractores de si siquiera se ha intentado hacerlo). Es por eso que sorprende la escasa verborragia del Ministro de Economía al habérsele preguntado algo así...

Me parece importante verter una pequeña reflexión sobre la inflación, la fiabilidad de mediciones y otras yerbas para dejar claro mi posicionamiento al respecto. Ya lo hice en una nota anterior sin embargo. Es claro que es importante tener mediciones fiables de los estadísticos. Se necesita para diseñar buenas políticas públicas y para que terceros puedan auditarlas y otros continuarlas. Se necesita hacerlo para que los académicos puedan analizar los problemas de nuestra economía por ejemplo y pensar en soluciones de corto, mediano y largo plazo que sean eficientes. No se puede responder: “tenemos un plan (secreto) correcto”, y no sólo por una cuestión de transparencia de los actos de gobierno sino porque –además- ningún gobierno dura para siempre, y el que siga tiene que poder construir en función de lo ya construido. Es importante que esas mediciones fiables provengan del instituto oficial de estadísticas, puesto que es el que está dotado de las mejores herramientas para hacerlo, y porque en general uno no debería suponer que sus intenciones sean otras que las de producir y divulgar estadísticas fiables. A priori, no puede decirse lo mismo de las consultoras privadas. 

Al ciudadano de a pie, debería indignarle menos que se midan mal los índices de precios que el hecho que la inflación complique sus finanzas personales. Porque es eso lo que en realidad les molesta, y con razón, pero se suman a la pelea mediática. A la inflación puede calcularla hasta un mono, lo difícil es construir una canasta lo suficientemente representativa, otorgarle ponderadores acertados a los bienes y servicios que la componen, y recolectar la muestra estadística en forma correcta, constante y desprovista de demás vicios de medición. En otras palabras, lo complejo es elaborar el índice de precios. A muchos que nunca en su vida van a mirar un índice de precios parece molestarles más que se calcule mal al hecho subyacente que es que la inflación sea alta y su salario no llegue a ajustarse a la evolución de los precios de los bienes y servicio que consume. Es importante decir con toda claridad que una inflación alta atenta contra un proceso de redistribución equitativa del ingreso. La inflación golpea siempre más duro al que menos tiene. Primero porque son los bienes que consume aquellos cuyos precios más crecen, segundo porque tiene acceso a menos instrumentos alternativos para proteger lo poco que le sobre de los efectos corrosivos del alza de los precios y tercero porque en general son los que menos poder de lobby tienen para lograr una recomposición de sus ingresos.

Para el empresario, para el inversor, una medición confiable de la evolución de los precios de la economía es fundamental, ya que los precios relativos son señales para asignar recursos. El problema de la inflación es que distorsiona dichas señales. Señales erradas inducen inversiones erradas que suelen terminar en quebrantos que impactan sobre el empleo de la gente y su calidad de vida. Además vía el canal del ahorro, atenta contra el crecimiento de largo plazo.

La inflación es un problema que no hay que desatender. Personalmente creo que hay gente idónea en el gobierno y que están buscando articular los mecanismos necesarios para controlarla sin perjudicar el proceso de crecimiento y la inclusión social. Me parece positivo que se busquen soluciones creativas. La vía de los ajustes permanentes de la ortodoxia económica ya la hemos experimentado y los resultados han sido funestos. No me extiendo más, ya los aburrí suficiente. En todo caso la seguimos con los que les interese profundizar el debate en alguno de los puntos tratados. Saludos!