jueves, 5 de enero de 2012

La idiotez fundacional de la década infame de los 90's en el pensamiento macrista

Nota escrita el 5 de enero de 2012

El reciente traspaso del subte a la órbita de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires motivó un aumento generalizado y de una sola vez de la tarifa del mismo del 127%. Es cierto que el precio relativo de un viaje en subte respecto de cualquier cosa, por ejemplo: un alfajor Havanna era ridículo, casi un quinto. Cualquiera sabía que ese precio no reflejaba el valor del viaje y que eventualmente debería corregirse. El tema es el “cómo”, “cuándo”, “cuánto”, “por-para qué” y “a quién”. El gobierno PRO, en acciones como ésta hace brillar aun más sus raíces menemistas: sólo comunicó (pensó?) el “cuánto”. Y analizando otras medidas de política del partido de Durán Barba y su muppet carilindo vigoroso que veranea más días de los que trabaja, el recientemente consagrado semental argentino: Mauricio Macri, se puede observar que es una constante, algo sistemático en la toma de decisiones: la unidimensionalidad del razonamiento.

Los 90’s se caracterizaron por la imbecilidad del pensamiento acotado, la mala aplicación de recetas desacertadas  y descontextualizadas y el cipayismo cultural exacerbado. Más allá de todo lo que podría decirse y analizarse sobre los orígenes y consecuencias del fracaso rotundo de la época conocida como “la Convertibilidad”, tanto en términos económicos como sociales, para poder concentrarme en lo que hoy me inquieta, sólo me referiré a UN punto dentro de UN punto que forma parte de los MÚLTIPLES puntos que llevaron al estallido. Me disculpo por la redundancia en el juego de palabras,  pero resulta gráfico y funcional a lo que deseo transmitir en lo que sigue.

Un ítem central del plan económico en el que se enmarcó el régimen de Convertibilidad, fue el de la reducción del tamaño del Estado. Bajo la hipótesis de que el creciente e incontrolable déficit de las cuentas públicas era generado -entre otros motivos- por los rojos de las empresas del Estado y que los mismos inducían la monetización del primero y así el estallido inflacionario, se concluyó -en base a la ideología de  moda de la época-, convirtiéndonos en alumnos ejemplares del FMI, que debía privatizarse absolutamente todo. Con el trabalenguas del párrafo anterior me refería a esto, y en particular, no a la corrupción, ni a los malos esquemas regulatorios (ni su mala aplicación), ni a una larga lista de etcéteras referidos al proceso de privatizaciones sino simplemente a la no contemplación del futuro económico y social de los individuos que perdían sus empleos y el impacto en la sociedad toda y en la macroeconomía futura (ese es el punto dentro del punto de múltiples puntos). Se los indemnizó, se los echó y se privatizó. Esas personas, en la mayoría de los casos, hicieron tan mal uso de sus indemnizaciones que puede contarse con los dedos de pocas manos las que podrían considerarse “inversiones” producto de las citadas indemnizaciones. En la mayoría, su aplicación fue tan errada que deberían denominarse simplemente gastos improductivos, infértiles. Así, una masa gigante de personas fue expulsada del mercado laboral y del consumo agregado contribuyendo a la generación de un círculo perverso de exclusión social que terminaría (salteando varios capítulos y variables sólo para simplificar el análisis) en el estallido de diciembre de 2001.

Pero esto, como decía al inicio, responde a una lógica de pensamiento, y es a esto a lo que quiero apuntar en esta sucinta nota, a la idiotez fundacional de la década menemista, y cómo se la observa a flor de piel en cada medida que toma el muppet Macri. Esta lógica de pensamiento que es acotada, poco brillante, unidimensional y profundamente mezquina necesariamente conduce al fracaso, no hay destino alternativo una vez que se anulan las demás rutas.

Resulta profundamente alarmante y genera impotencia que un partido que quiere disputar el poder en 2015 responda a la misma lógica de pensamiento que la que ya fracasó. Más allá de la ideología política, preocupa la imbecilidad de su cuerpo de “pensantes”. Sin explicar cómo se llegó a la cifra, sin debatirlo, sin analizar las realidades diversas de los usuarios del subte, sin optimizar el sendero de aumentos, de un día para el otro se más que duplicó la tarifa.

¿Los argentinos y argentinas iremos de cabeza de nuevo a lo mismo? ¿Compraremos la matriz, el útero defectuoso del pensamiento noventoso nuevamente? Con pensamiento unidimensional difícilmente haya más de un resultado, esperemos tener la sabiduría para evitar no sólo a Durán Barba, sino a cualquiera que quiera vender estupidez como si fuese otra cosa.

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