miércoles, 15 de febrero de 2012

Alguien quiere pensar en los niños? El grito histérico de Sylvina Walger

Hoy, 15 de febrero de 2012, Sylvina Walger escribe en La Nación una columna referida a Malvinas, la cual titula "Por favor, dejemos en paz a esos isleños". Al final de esta respuesta comparto el link al artículo.
La autora abre su nota con la palabra “sorprende”. A mí me sorprende que alguien que no sabe redactar llegue a columnista de un diario centenario como La Nación. Que me equivoque yo –como seguramente lo haré- que no soy periodista ni escritor vaya y pase, pero ella, que la venden como escritora, periodista e “intelectual”... No es “El Informe Rattenbach lo tengo”, sino “Al Informe Rattenbach lo tengo” –dicho sea de paso, si lo tiene “completito”, páseselo a los canallas de sus colegas que aducen que el informe que se va a desclasificar está incompleto y adulterado-. Segundo, y habiendo leído el artículo sin prestar demasiada atención a este tipo de detalles, nuevamente abre un párrafo con la palabra “sorprende” y la verdad es que sorprende su falta de concordancia lógica, dice: “ningún opinador oficial o la misma Presidenta no se hayan molestado en ojear”. Señora, se dice: “ningún opinador oficial ni la misma Presidenta se hayan...”. Si repite la negación, cancela la primera en términos de la lógica argumentativa. Además la sintaxis es simplemente errónea.  Seguramente habrá muchos errores más, pero no nos pongamos quisquillosos, sino nos perdemos del meollo del asunto.
La señora Walger recurre a un argumento tan infantil como erróneo al decir “las guerras se ganan o se pierden”. Poco fértil será el argumento que surja de una tautología. Primero, no hay que olvidar que la guerra fue iniciada por un gobierno militar que no contaba con la legitimación del voto popular ni de las instituciones de la democracia. Puede retrucar que “la gente” –colectivo utilizado en forma falaz permanentemente- apoyó masivamente y como ejemplo poner la masiva concurrencia a Plaza de Mayo (de hecho lo hace más avanzado el artículo). Sin embargo eso es puro efecto de imagen; como en vísperas de la votación por la ley de matrimonio igualitario, miles de cristianos fueron llevados por sus iglesias a la Plaza de los Congresos, mientras las encuestas señalaban que la población en su conjunto apoyaba mayoritariamente la ley. Nunca es asimilable una plaza llena a lo que se manifiesta mediante el voto popular en las urnas. Y aunque se vencieran todos estos obstáculos argumentativos, queda el hecho que la cronista adhiere a la ley de la selva en un mundo supuestamente civilizado. Le concedo que en la realidad muchas veces debamos soportar el avasallamiento de los países poderosos, pero de ahí a avalarlo y condonarlo, la distancia es larga. Siguiendo su línea argumentativa, los británicos podrían usar su destructor y sus aviones de última generación y conquistar la Argentina hoy, y nosotros deberíamos quedarnos sin chistar después, porque “las guerras se ganan o se pierden”. Creo que es más que evidente que su razonamiento es cuanto menos absurdo, y en mi opinión: mezquino.
Profundiza en la misma línea argumentativa cuando se masturba intelectualmente hablando de la Alemania imperial de Bismarck. Siempre pienso cuán ridículos son los autores de poca monta intelectual. Estructuran sus razonamientos de la misma manera: dicen una estupidez que resulta rebatible con el sólo uso de la lógica formal y quizás unos pocos argumentos básicos, y a esa estupidez le suman un par de palabras y/o ejemplos cargados de grandilocuencia para intimidar al lector. El lector con algo de astucia sabe que debe saltar esa parte y no caer en la trampa con la que este tipo de autores buscan cubrir la falta de solidez de sus argumentos. Sin embargo, en forma muy sucinta también me referiré a este párrafo. Señora, ¿se da cuenta de la incoherencia de su argumento? Alemania le quita a Francia, Francia recupera de Alemania, Alemania no se queja. Si Ud. pone este ejemplo, induce un parangón. Entonces: el Reino Unido le quita a la Argentina en 1833, y si la Argentina hubiera recuperado las islas en 1982 según su argumento, los británicos no podrían reclamar (con lo cual yo estaría de acuerdo pero basado en un razonamiento lógico distinto). ¿Dónde quedan ahí los isleños por los que Ud. muestra tanto interés que incluso titula su nota apiadándose de esos 3.000 individuos? Mi mamá de chiquito siempre me decía: más vale parecer tonto por callado antes que abrir la boca y confirmarlo.
En el párrafo que inicia con “La malsana aventura...” incluye un paréntesis que quizás por mala redacción no se entiende su sentido, ¿habrá querido decir “y después no figuraran en los mapas”?. Yo me pregunto qué quiere decir con “más duchos en torturar que en gestionar”. Si hubieran gestionado bien, ¿era un poco más justificable la tortura en su visión acaso? No quiero achacarle esto, pero verdaderamente el comparativo me deja espacio para la duda.
El párrafo siguiente usa el argumento ya rebatido de la plaza llena. Pero resulta sorprendente el grado de mezquindad y el deseo obsceno de inducir al lector a la impostura cuando la autora dice: “Y a los que una vez retornados al continente se los abandonó a su suerte y a sus derrapes mentales. "País solidario" se suelen ufanar, al menos en la televisión.”.  Los veteranos de guerra fueron abandonados a su suerte, es cierto, y por décadas. Pero el logo de “País solidario” es usado por este gobierno, y es este gobierno el que ha comenzado a dignificarlos. La última medida concreta es el anuncio de la creación de un hospital de salud mental. La autora deliberadamente (no creo en su inocencia) coloca al kirchnerismo/cristinismo en 1983, como si no hubieran pasado 20 años entre que termina la guerra y el kirchnerismo llega al poder en 2003. Pero bueno, esa es la prensa que tenemos en el país. Poca prensa independiente, algo de prensa oficialista (que se reconoce así), y mucha prensa golpista (disfrazada de independiente).
Luego emprende en el párrafo de la doble negación a la que hacía mención al inicio. No puede entenderse todo el ejemplo de la India más que como una nueva masturbación intelectual para darle sustento a un artículo plagado de argumentos de fondo que son paupérrimos en su fortaleza estructural.
La cosmovisión de la autora queda evidenciada cuando llama a la dupla Sarkozy-Merkel los “vigilantes del desquicio en que se ha convertido la Unión Europea”. Así, sin paréntesis mediante, sin una pequeña aclaración siquiera, toda su mezquindad queda expuesta. ¿Quién los erige? ¿Qué intereses defienden? ¿Son sólo parte de la solución Francia y Alemania o también son parte del problema?¿A qué se refiere con “desquicio”? Sin aclarar estas cuestiones básicas, y siguiendo la forma en que interpreta la autora la realidad doméstica, esta sola frase no hace más que reforzar su miserabilidad. La autora podría excusarse en una falacia de apelación a la ignorancia si no se tropezara con su verborragia, pero no se contiene y equipara el ajuste griego a la situación argentina actual. Poner a la situación actual griega con la situación actual argentina en la misma oración y como equivalentes (y acudiendo a la última línea del párrafo de la autora) apesta a ignorancia y desesperación. Su ignorancia absoluta y su desesperación por instalar la situación que le gustaría que viviésemos. Y esto no es mi imaginación, basta hacer una búsqueda mínima en youtube para ver múltiples videos y oír audios de la señora diciendo “con tal de que se vayan”, “hay que hacer algo para que se vayan” (en relación al kirchnerismo).
A esta altura no debe resultar paradojal que termine su artículo con una falacia: “Por favor, dejemos en paz a esos isleños que tienen muchas más posibilidades que nosotros de llegar a ser un país en serio.”, ella bien sabe que los isleños pretenden seguir siendo parte del Reino Unido, por lo cual no estarían pidiendo ser un país independiente, simplemente seguir siendo una colonia implantada tras la invasión de 1833. Francamente no se podía esperar otra cosa de una mujer que al referirse a otra mujer (en este caso la Presidenta de la Nación) haya dicho barbaridades como “es tan hincha pelota que una cachetada no le viene mal” (que aclare con risas socarronas que es una barbaridad no disminuye la bestialidad de lo dicho), “esta mujer que viaje que parece que le hace bien”. Que además dijo “Carlos Saúl se rodeó de gente formada e inteligente. Tuvo un canciller como la gente” Yo me pregunto a qué se refiere cuando dice “como la gente”, ¿gente como ella? Luego habla de mediocridad en los funcionarios kirchneristas e insta a mandarlos al colegio. Bueno, hay que mirar un poco menos la paja en el ojo ajeno y empezar por tomar un cursito de redacción si es escritora y periodista. Sería bueno disminuir las pasiones para escribir artículos más inteligentes, o cuanto menos no tan burdos,  que  no subestimen a los lectores.

jueves, 5 de enero de 2012

La idiotez fundacional de la década infame de los 90's en el pensamiento macrista

Nota escrita el 5 de enero de 2012

El reciente traspaso del subte a la órbita de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires motivó un aumento generalizado y de una sola vez de la tarifa del mismo del 127%. Es cierto que el precio relativo de un viaje en subte respecto de cualquier cosa, por ejemplo: un alfajor Havanna era ridículo, casi un quinto. Cualquiera sabía que ese precio no reflejaba el valor del viaje y que eventualmente debería corregirse. El tema es el “cómo”, “cuándo”, “cuánto”, “por-para qué” y “a quién”. El gobierno PRO, en acciones como ésta hace brillar aun más sus raíces menemistas: sólo comunicó (pensó?) el “cuánto”. Y analizando otras medidas de política del partido de Durán Barba y su muppet carilindo vigoroso que veranea más días de los que trabaja, el recientemente consagrado semental argentino: Mauricio Macri, se puede observar que es una constante, algo sistemático en la toma de decisiones: la unidimensionalidad del razonamiento.

Los 90’s se caracterizaron por la imbecilidad del pensamiento acotado, la mala aplicación de recetas desacertadas  y descontextualizadas y el cipayismo cultural exacerbado. Más allá de todo lo que podría decirse y analizarse sobre los orígenes y consecuencias del fracaso rotundo de la época conocida como “la Convertibilidad”, tanto en términos económicos como sociales, para poder concentrarme en lo que hoy me inquieta, sólo me referiré a UN punto dentro de UN punto que forma parte de los MÚLTIPLES puntos que llevaron al estallido. Me disculpo por la redundancia en el juego de palabras,  pero resulta gráfico y funcional a lo que deseo transmitir en lo que sigue.

Un ítem central del plan económico en el que se enmarcó el régimen de Convertibilidad, fue el de la reducción del tamaño del Estado. Bajo la hipótesis de que el creciente e incontrolable déficit de las cuentas públicas era generado -entre otros motivos- por los rojos de las empresas del Estado y que los mismos inducían la monetización del primero y así el estallido inflacionario, se concluyó -en base a la ideología de  moda de la época-, convirtiéndonos en alumnos ejemplares del FMI, que debía privatizarse absolutamente todo. Con el trabalenguas del párrafo anterior me refería a esto, y en particular, no a la corrupción, ni a los malos esquemas regulatorios (ni su mala aplicación), ni a una larga lista de etcéteras referidos al proceso de privatizaciones sino simplemente a la no contemplación del futuro económico y social de los individuos que perdían sus empleos y el impacto en la sociedad toda y en la macroeconomía futura (ese es el punto dentro del punto de múltiples puntos). Se los indemnizó, se los echó y se privatizó. Esas personas, en la mayoría de los casos, hicieron tan mal uso de sus indemnizaciones que puede contarse con los dedos de pocas manos las que podrían considerarse “inversiones” producto de las citadas indemnizaciones. En la mayoría, su aplicación fue tan errada que deberían denominarse simplemente gastos improductivos, infértiles. Así, una masa gigante de personas fue expulsada del mercado laboral y del consumo agregado contribuyendo a la generación de un círculo perverso de exclusión social que terminaría (salteando varios capítulos y variables sólo para simplificar el análisis) en el estallido de diciembre de 2001.

Pero esto, como decía al inicio, responde a una lógica de pensamiento, y es a esto a lo que quiero apuntar en esta sucinta nota, a la idiotez fundacional de la década menemista, y cómo se la observa a flor de piel en cada medida que toma el muppet Macri. Esta lógica de pensamiento que es acotada, poco brillante, unidimensional y profundamente mezquina necesariamente conduce al fracaso, no hay destino alternativo una vez que se anulan las demás rutas.

Resulta profundamente alarmante y genera impotencia que un partido que quiere disputar el poder en 2015 responda a la misma lógica de pensamiento que la que ya fracasó. Más allá de la ideología política, preocupa la imbecilidad de su cuerpo de “pensantes”. Sin explicar cómo se llegó a la cifra, sin debatirlo, sin analizar las realidades diversas de los usuarios del subte, sin optimizar el sendero de aumentos, de un día para el otro se más que duplicó la tarifa.

¿Los argentinos y argentinas iremos de cabeza de nuevo a lo mismo? ¿Compraremos la matriz, el útero defectuoso del pensamiento noventoso nuevamente? Con pensamiento unidimensional difícilmente haya más de un resultado, esperemos tener la sabiduría para evitar no sólo a Durán Barba, sino a cualquiera que quiera vender estupidez como si fuese otra cosa.