jueves, 24 de noviembre de 2011

Porqué no es alegría lo que se siente al enterarse de que murió el represor Bussi

Nota escrita el 24 de noviembre de 2011

Muchos de los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad no lograrían jamás entender por qué quienes condenamos la última dictadura militar y aplaudimos los juicios que finalmente se están llevando a cabo, no sintamos felicidad con la noticia de la muerte de Bussi. No entienden cómo no podemos compartir esa fibra putrefacta que los hizo sentir alegría el día que murió Néstor Kirchner, esa alegría que manifestó –al menos sin eufemismos- Lilita Carrió, la que no podía ocultarse en la sonrisa socarrona Mariano Grondona o en los editoriales de Rosendo Fraga y otros tantos personajes oscuros y nefastos de la fauna vernácula.

No se siente alegría porque nunca se consideró que la muerte era la salida. Es el ejemplo de búsqueda de la Justicia (la terrenal, la única verdadera) de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, aquellas que sufrieron el dolor más antinatural que puede padecerse que es la pérdida de un hijo o hija, es su ejemplo de paz que los canallas de siempre tratan de embarrar cada vez que pueden para servir a sus fines miserables y que un porcentaje no despreciable de la sociedad, aquel sector cipayo, chato y nostálgico de lo que nunca será, es ágil en defender. Saca los dientes defendiendo el mismo yugo del que queja y cuesta creer que no se de cuenta que defiende a quienes lo somete. Los criminales más atroces, los genocidas del whisky y las tilingas que hasta hoy se pavonean por todos los canales de televisión caminaron impunemente los mismos pasos que los mártires y sus familias. Nunca experimentaron la humillación ni la impotencia del ostracismo al que el Estado expulsó a familiares y demás bienparidos durante décadas coronadas con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

No voy a extenderme en esta nota como suele ser habitual en lo que escribo. Simplemente quería dejar claro este punto. No se siente alegría, porque la alegría se sintió en 2008 cuando se le dio su merecida condena.  Ese día, los pasos de ese hombre fueron los pasos de un genocida, de un paria social, ese día se trajo a mucha gente injustamente expulsada a ese exilio de la polis, qué digo de la polis... de la DIGNIDAD. Allí encontramos paz como sociedad. Allí encontraron paz las Madres y Abuelas que nunca más verán a sus hijos, hijas, nietos y nietas. Nunca tendrán quiénes les den nietos, quienes compartan con ellas la comida del domingo ni nadie que las cuide cuando ya no puedan valerse por sí mismas. Allí se acabó la impotencia, se alivió –nunca se curará- el dolor que sintieron, sienten y sentirán hasta el último respiro.

Es por eso que hoy, la muerte de Bussi, al menos para mí es un dato, no menor, pero un dato. La noticia fue su condena de 2008, condena que me dio orgullo de ser argentino, como tantas otras cosas que han ido sucediendo estos últimos años. La alegría la sentí entonces.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El mundo ante la necesidad de un nuevo paradigma monetario internacional

Nota escrita el 14 de septiembre de 2011

A mi entender, la principal de las tres funciones del dinero – (i) medio de intercambio, (ii) unidad de cuenta, (iii) reserva de valor- es la de facilitar el intercambio en una medida homogénea, perecedera, divisible y de uso generalizado. Su utilización y sus impactos ha ido variando a lo largo de los tiempos.

Con Bretton Woods, el mundo pasó a un nuevo paradigma. El dólar estadounidense pasaría a constituirse el medio de intercambio de uso generalizado a nivel internacional, constituyéndose en reserva de valor, unidad contable y fuente de liquidez mundial. Dicho servicio no vendría sin costo alguno. A cambio, Estados Unidos reforzaría su poder de señoreaje internacional. Para los que no están familiarizados con el término “señoreaje, el mismo deriva del accionar de los señores feudales en la Edad Media, que acuñaban su propia moneda en materiales poco fieles con la que pagaban a sus súbditos y los mismos sólo podían gastarlas en bienes dentro del feudo. Este término se extendió a las naciones y cobra fundamental significación cuando se crean los bancos centrales. Los Estados nacionales y soberanos tienen la capacidad de imprimir dinero y hacerse de bienes y servicios con el mismo, brindando simultáneamente un medio de intercambio y unidad de cuenta a los habitantes del país, asumiendo el compromiso de la conservación de su valor. Dicho compromiso se materializa en políticas económicas sustentables que prevengan las alzas desmesuradas de precios que deterioren el poder adquisitivo del dinero.

El dinero como tal no tiene valor intrínseco, a lo sumo su valor es aquello que podría obtenerse si se reciclara el papel utilizado para imprimirlo. El valor marginal de reciclar un billete de 1000€ no difiere de aquel obtenido por reciclar uno de 10€ o 2$ y en cada caso es despreciable. No es como la tierra por ejemplo. Si el mercado inmobiliario decidiera que una determinada zona no tiene valor comercial, eso no implica que no tenga valor económico: el producto de las plantaciones de vegetales que podrían cultivarse en esa zona arrojaría una aproximación tentativa del valor intrínseco de dicha tierra. Sin embargo, eso no sucede con el dinero. El valor del dinero depende de la confianza que tengan sus usuarios en el mismo. Cuando se dispara la desconfianza, los usuarios perciben esta realidad y desean deshacerse del mismo –y hacerse de cosas palpables o servicios-. La velocidad con la que se desprenden del dinero depende de la percepción de la potencial pérdida de valor del mismo –y simultáneamente alimenta la pérdida efectiva de valor-. Quienes reciben ese dinero y dan bienes o servicios a cambio también son conscientes de esa posible pérdida de valor por lo que exigen mayores sumas de dinero a cambio de los mismos bienes y servicios que antes entregaban y prestaban respectivamente a sumas menores. No siempre se trata de pura especulación, sino podría tratarse de una expectativa racional de que aumenten sus costos futuros. Así, la suba de los precios deteriora el poder adquisitivo del dinero.

Los mercados se caracterizan por la presencia de la oferta y la demanda. Cuando existe un exceso de oferta, es decir que a un determinado precio se desea ofrecer una cantidad mayor a la que los consumidores están dispuestos a demandar a dicho precio –dados los demás factores que inciden en la demanda-, el precio (en el caso del dinero: su valor real) del bien o servicio en cuestión debe caer para llegar al nuevo equilibrio -en un escenario de equilibrio convergente-. Así, cuando existe un exceso de emisión de dinero (exceso de oferta), las consecuencias se manifestarán principalmente mediante un nivel de precios de los bienes y servicios de la economía al alza –disminuyendo así el valor real del dinero- y un aumento del tipo de cambio –o presión sobre el mismo en un contexto de tipo de cambio fijo- motivado por la fuga de capitales. Esta suba del tipo de cambio repercute nuevamente en el nivel de precios de la economía por el impacto en los productos importados y en los exportables (bienes y servicios transables). Este proceso se conoce como pass-through del tipo de cambio y tiene mayor impacto en economías en cuyas canastas de consumo ponderan fuertemente los bienes transables.

Todo Estado tiene ingresos y gastos. Los ingresos en cierta forma guardan relación con la capacidad productiva de la economía: Esto es, si una economía produce mucho, se generan ingresos y se recolectan impuestos en proporción a los mismos. Los gastos en última instancia deben guardar relación con los ingresos para que la política fiscal sea sostenible en el tiempo. La tercera variable que entra en la ecuación de financiamiento de un Estado es el endeudamiento, el cual refleja –con la misma idea de oferta y demanda- la expectativa de quien compra deuda de que quien está tomando deuda sea capaz de generar los ingresos suficientes para cubrirla en un determinado punto o sendero del futuro. Esto se manifiesta cuantitativamente en el costo del endeudamiento, es decir en la tasa que los inversores exigen para aceptar dicha deuda. Existe una amplia y fundada polémica en el rol que han tenido las calificadoras de riesgo en sesgar mediante sus calificaciones el precio de la deuda de algunos países y la percepción del riesgo de los mismos, pero ese es un tema que quedará para otro artículo.

Así, el mundo aceptó utilizar el dólar estadounidense como medio de intercambio generalizado para el comercio internacional y para gran parte de las operaciones financieras. Estados Unidos se comprometía a garantizar la liquidez internacional y a defender el valor de su moneda. La fortaleza de la moneda depende en última instancia de la productividad de la economía que representa y de la solvencia fiscal y financiera de la misma. Este servicio que Estados Unidos comenzaría a prestar tiene un costo asociado como se dijo al inicio del artículo: Estados Unidos, a diferencia de la mayoría de los países, podría comprar con su moneda nacional bienes y servicios en todo el mundo. Es incuestionable que la economía estadounidense ha sido y sigue siendo la de mayor escala a nivel internacional pero su preponderancia relativa ha ido disminuyendo con el surgimiento de nuevas potencias en la constelación de las naciones. No ha disminuido concomitantemente su nivel de gasto público y consumo privado por lo cual han acumulado déficits de balanza de pago.

Las teorías tradicionales del comercio internacional establecían que las economías más desarrolladas y productivas innovaban, generaban una brecha de productividad que permitía mantener niveles de vida por encima del promedio y cuando dicha innovación se estandarizaba, la producción de dichos bienes se trasladaba a países periféricos o en desarrollo donde se comenzaban a producir en masa bienes que ya requerían bajo valor agregado fundamentalmente en lo que refiere a capital humano altamente calificado. Los países periféricos comenzaron a educar a sus obreros y a desarrollar políticas para mantener a las empresas transnacionales en sus territorios e incentivar la innovación interna; es así que la brecha de productividades se ha ido reduciendo progresivamente.

La productividad de su economía permitió que los habitantes de Estados Unidos ostenten altos niveles de vida. La capacidad de señoreaje, la fortaleza y desarrollo del sistema financiero permitieron que vivan por décadas más allá de sus medios. Conforme la brecha de productividad de la economía estadounidense se ha ido reduciendo respecto de la productividad de sus competidores, el sostenimiento del nivel de vida ha ido dependiendo crecientemente en la capacidad de señoreaje y de endeudamiento externo de los sectores público y privado. La crisis financiera de las hipotecas de 2008, originada en el mercado sub-prime (las hipotecas de más alto riesgo) es un claro ejemplo de esta patología. Los bancos otorgaban préstamos hipotecarios, luego vendían esos préstamos a una entidad –Clearing House- que a su vez los aglutinaba y los ponía como colaterales para emitir títulos de deuda cuyos flujos de pagos provenían de los flujos de pagos de las hipotecas. Simultáneamente se desarrollaba un conjunto de instrumentos financieros secundarios que multiplicaban varias veces el valor de lo puesto como garantía. La perversión inicial del sistema de incentivos estaba en que el negocio de los bancos era dar la mayor cantidad de préstamos posibles –ya que van a comisión- total después se desprendían del riesgo. Así empezaron a conceder hipotecas a sujetos con mal historial crediticio. La Clearing House armaba diferentes “tranches” o categorías de bonos según el riesgo que pagaban una tasa diferencial. El crecimiento de la economía provocaba que el precio de los activos (fundamentalmente los inmuebles) creciera y de repente muchas personas que habían comprado una casa endeudándose por 500.000 dólares, de repente se encontraban con que las mismas tenían un precio de mercado de 1.5 millones de dólares, con lo cual tenían resto para tomar nuevos préstamos, lo que fue alimentando una burbuja de consumo. Tarde o temprano, las economías se rigen por sus variables fundamentales y se corrigen de acuerdo a ellas. Casi como la ley de gravedad. Sin que se logre operar exitosamente sobre las variables fundamentales, difícilmente pueda modificarse una trayectoria predicha. Cuando la economía se resintió un poco, los deudores más vulnerables dejaron de pagar sus hipotecas y muchos de los bonos que dependían en sus flujos de los pagos de dichas hipotecas comenzaron a convertirse en bonos basura. El problema es que esos bonos habían sido comprados por bancos de todo el mundo, lo que implicó un contagio generalizado. Así, como Estados Unidos tiene el poder de exportar su inflación por la vía del señoreaje, también la dependencia de su moneda, su economía y su sistema financiero tiene la capacidad de exportar sus crisis ocasionadas por consumo excesivo. El papel de las calificadoras de riesgo en esta crisis fue penoso.

El mundo se ha empezado a percatar de este asunto y asistimos a la necesidad instalada y aprehendida de un cambio de paradigma. Nadie sabe bien como salirse del brete en el que nos hemos metido. China es el principal acreedor de deuda estadounidense. La mayoría de las naciones tienen gran parte de sus reservas internacionales en dólares estadounidenses o títulos de dicho país. No existe hasta el momento una fuente alternativa de liquidez lo suficientemente generalizada como para garantizar la fluidez del comercio internacional. Se han empezado a realizar algunos swaps de monedas en el comercio internacional para ir reduciendo la dependencia del dólar estadounidense. Un swap es un contrato entre dos partes que intercambian flujos de fondos. Su uso para estos fines es novedoso. En el uso tradicional de los mismos, surge como problema que hasta la fecha no están regulados, no existe una Clearing House que garantice la performance de las contrapartes –aunque como ya vimos anteriormente, su existencia tampoco implica una garantía absoluta- y resulta complejo encontrar bonos en ambas partes que tengan madurez, flujos y fechas de pago similares.

Más allá de los detalles técnicos, ilustrados muy superficialmente en los párrafos anteriores con el objetivo de no aburrir a nadie y con el riesgo de omitir detalles importantes, lo claro es que el mundo ha cambiado, que la realidad económica y sus actores se han modificado y vivimos un proceso de reacomodamiento. Cada economía y sus dirigencias deben ser astutas para diseñar su propia ingeniería estratégica para quedar bien parados en un mundo que aún desconocemos. Aplicar recetas prefabricadas es una condena al fracaso, el que no innova, se queda en el camino. En este sentido, la creciente unión entre los países de Sudamérica y la creación de entidades como la UNASUR y el Banco del Sur constituyen emprendimientos auspiciosos sobre los que hay que trabajar con dedicación para que nos lleven a buen puerto.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

Buenos Aires, 31/08/2011

Desde la realización de las PASO del pasado 14/08, la cobertura de los medios concentrados se articuló básicamente sobre dos ejes:

- Cuestionar las falencias de la oposición como si fueran ajenos a ellas, como si no hubieran sido socios, cómplices, instructores y quienes establecían las directrices elementales.
- Darle entidad a declaraciones de algunos opositores que no tenían ningún sustento confiriéndoles el estatus de “denuncias”, del estilo de una denuncia judiicial.

No hay otra verdad más que la realidad decía Perón. No se realizó NINGUNA denuncia ni presentación formal ante la Justicia Electoral, no obstante, se fogoneó desde los medios –fundamentalmente los del Grupo Clarín y La Nación- la idea de “denuncias” de “graves irregularidades”.

En el día de ayer, el Ministro del Interior dio una conferencia de prensa en la que difundió los resultados definitivos, comunicados por la Justicia Electoral. Los mismos arrojaban un resultado ligeramente mayor para la fórmula Fernández de Kirchner-Boudou que el que había surgido del recuento provisorio –el presuntamente fraudulento según los mentados medios y sus cómplices decadentes en el subgrupo reaccionario de la oposición-.

Parte de la conferencia de prensa consistió en exponer la operación mediática que se había procurado instalar en las últimas dos semanas lo que llevó a una indignación histérica de los periodistas presentes. ¿Qué clase de infantilismo padecen? No sólo pueden decir las barbaridades que dicen, impunemente, con una falta de ética atroz, ¿esperan también tener impunidad intelectual, discursiva y pública acaso? La libertad de expresión no es un derecho selectivo, y necesariamente implica la libertad de respuesta ante una verdadera injuria. Refuerzo el uso de la palabra injuria ya que fue un vocablo muy utilizado –y erróneamente- en la cobertura que La Nación y Clarín le dieron hoy a la conferencia de prensa de Randazzo.

Para dar un análisis concreto y tratar de aproximar una respuesta a la inquietud planteada sobre el tipo de infantilismo que los aqueja seleccioné cuatro artículos de los diarios de hoy. Al final de esta nota compartiré los links a los mismos ordenados de acuerdo a su utlilización en el texo.

El primero, intitulado “Duro ataque de Randazzo a la prensa y a la oposición” de Mariano Obarrio (periodista explícitamente nombrado por el Ministro durante la conferencia) es tan burdo y tan caprichoso como el berrinche que protagonizó en el día de ayer –para quienes no hayan visto la conferencia, el periodista comenzó a gritar cuando el Ministro lo puso en evidencia al decir que a pesar de haberle explicado claramente que las autoridades de mesa eran elegidas por la Justicia Electoral y no por el gobierno, el periodista tituló su artículo diciendo que “a pesar de las quejas, el Gobierno no cambiaría las autoridades de mesa”, ya iremos a ese punto-.

Obarrio unilateralmente le otorga el calificativo de “grave” y ·”acusación” a las declaraciones del Ministro. Sería una “acusación” si hubiera algo que probar. Cuando lo que se muestra es tan evidente, no cabe el sustantivo “acusación” sino “exposición”. Lo de “grave” es una licencia poética sumamente reaccionaria, típica de quienes se sienten los dueños de poder decir cualquier estupidez sin tener que soportar ninguna respuesta. Dice –el periodista- que la exposición del Ministro se basa en que ellos “expusieron” las “denuncias” de opositores. Primero, en este caso funciona a la inversa, no “expusieron” sino que “intentaron instalar”, se nota en cada palabra utilizada y la forma que se las conecta. Simultáneamente, sigue utilizando la palabra “denuncia” cuando sabe que no hubo ninguna denuncia ni presentación formal ante la Justicia Electoral. Es absolutamente patológico el estado de aquel que basa su defensa de la presunta acusación de mentiroso apelando a la misma batería de mentiras.

Luego dice que publicaron la respuesta de Randazzo ante las “denuncias de irregularidades”. Yo no soy periodista, pero tampoco tengo cinco años. Hay que ser bastante ingenuo como para no percibir la idea que se trata de instalar con el titular, y la forma en que se introduce la respuesta. Eran cosas del estilo: “Denuncias por graves irregularidades en el proceso electoral” y la suerte de derecho a réplica a quien ya califican implícitamente como el victimario que se está defendiendo era del siguiente estilo: “el Ministro Randazzo desestima la evidente gravedad de las denuncias”. La ridiculez es tan evidente que no resiste análisis alguno.

Él dice “el cronista le reclamó a viva voz que lea el texto completo”. ¿A viva voz? Qué forma elegante de decir: gritando como un niño cuando quiere llamar la atención. Después se venden como los cultores de las buenas costumbres, de los modales. Qué sociedad neurótica. El sujeto, en un grado de infantilismo exacerbado, pedía que leyera que en algún renglón del texto reproducía lo que el Ministro le había explicado, cuando en el titular decía “A pesar de las quejas el Gobierno no reemplazará las autoridades de mesa”. Es como estar en la Escuela Primaria y decir: “me comió la tarea el perro”, ¿qué clase de excusa es esa hombre? Ya somos adultos. Quiero creer que él conoce a la perfección la importancia de la estructura esquemática de un artículo periodístico. Yo tengo un vago recuerdo de las clases de Lengua del colegio secundario, imagino que un periodista lo debe tener más presente.

Después –como continúa relatando Obarrio- se sumó su cómplice, digo... colega Guido Braslavsky de Clarín sonando como la esposa del Reverendo Alegría de Los Simpson en “alguien por favor quiere pensar en los niños” (http://www.youtube.com/watch?v=5sDaPvER0uo) manifestando que temía que estas palabras del Ministro pudieran desencadenar violencia contra los periodistas. Es un lugar tan básico, tan burdo en el que se ponen. Es como el violador que se justifica en haberse sentido tentado por una pollera muy corta. ¿Quieren decir lo que quieran? Está garantizado en la Constitución, lo hacen a diario, basta ver los titulares de sus pasquines. ¿No quieren ser juzgados por la Justicia? Con buen criterio la Presidenta eliminó el delito de injurias y calumnias. ¿Quieren concentrar el monopolio no sólo de los medios de comunicación sino de la libertad de expresión? Se equivocan muchachos, no entendieron nada. Si dicen una barbaridad, es saludable que se les responda, que se exponga la impostura que procuraron instalar. El escrutinio público se dará en forma masiva en forma de compras o no compras de lo que tratan de vender.

Obarrio insiste en que ellos –simplemente- informaban la disconformidad de la oposición. No pido juicio crítico a los motivos que se exponían junto a esa disconformidad, no tienen obligación de hacerlo. Pero sí tienen la obligación ética de contrastar las declaraciones con lo fáctico, con lo real.

El otro artículo que quiero destacar es de Joaquín Morales Solá -personaje oscuro si los hay-, titulado “Adelantos de lo que vendrá”. Solá abre diciendo que el gobierno quiere a la “oposición callada y que los diarios no deben hablar sobre ella”. Sabe muy bien que no dijo eso, sabe muy bien que lo que les corresponde tener es responsabilidad profesional, como decía en el párrafo anterior ni siquiera un juicio valorativo de las declaraciones, simplemente un contraste de las mismas con los hechos reales, para no hacer el ridículo y para no orientar la opinión pública hacia la impostura.

Morales Solá insiste con el uso del vocablo “denuncias”, cuando sabe que la connotación que contiene es errada. Claro que una denuncia no necesariamente es la que se realiza en el plano judicial, pero él  expone con la misma entidad, sin relativizar, los dichos de algunos malos perdedores engrandeciéndolos con el calificativo de “denuncia”, que fácilmente puede asimilarse a un procedimiento serio a nivel judicial. Total, cuando haya que aclarar, la mentira ya está instalada, y se aclara chiquito, bien chiquito. Causa risa la retórica apocalíptica y poética que pretende instalar Morales Solá al decir “la democracia argentina anda así, por una pendiente”. La única respuesta que se me ocurrió fue: You wish! Con lo bien que le fue a Morales Solá en aquellas épocas nefastas, qué más podría desear.

Luego machaca con la idea de que el enorme caudal de votos ilusionaría a sectores cercanos al oficialismo o al oficialismo mismo con una reforma constitucional, bla, bla, bla. La falacia encerrada en esto es que no dice bien a quién ilusiona, no ofrece datos concretos, pero construye una generalización tal que se instala como si surgiera de la boca de la misma Presidenta. A Morales Solá no le importa lo que dice, le importa los sedimentos que quedan al fondo cuando pasa el río de zonzeras que escribe junto con los demás exégetas del Apocalipsis. Se nutren de esos sedimentos, son parte de los mismos, se revuelcan en ellos.

Con sus inocentes preguntas retóricas intenta instalar una acusación. Se pregunta Morales Solá: “¿Por qué la propia oposición no promovió antes que gente de sus filas se inscribiera como aspirante a presidentes de mesa? ¿Creyó, acaso, que ese crucial cargo electoral sería despreciado por un oficialismo que controla cada resorte del Estado y que estaba dispuesto a todo para colocar a la Presidenta en medio de una opulencia nacional de votos?” Las preguntas encierran y refuerzan la acusación –ahí sí hay una acusación- de que el gobierno habría apelado a prácticas non sanctas para ganar las elecciones. El fraude puede permitir cambiar una diferencia de 3 o 4 puntos, como se planteó la inquietud en Chubut, pero no de más de 8 millones de votos!

Finalmente, vuelve sobre el primer eje que planteaba al comienzo de la nota. Dice: “El problema es que creyeron en la teoría de que el kirchnerismo era un ciclo terminado” (Digresión: qué feo el uso, indebido en este caso, del “de que” en un periodista tan afamado). Además del error expuesto, también el verbo está mal conjugado, dice “creyeron” donde debería decir “creímos”, y lo más obsceno es que critica una teoría de la que él fue uno de los máximos protagonistas o autores, una teoría que él quiso instalar.

No podía faltar en su párrafo de remate la instalación del miedo. La instalación del miedo es una constante en estos medios, lo vienen haciendo, procurando un repunte electoral, una mayor estima de la audiencia y lectores y no escarmientan. La sociedad les da la espalda cada vez más y siguen obstinados no sólo en la misma impostura sino en la forma de intentar instalarla.

Otro artículo de La Nación -de esos que no llevan firma- se intitula “La oposición advirtió a Randazzo sobre el peligro de ‘violar la libertad de prensa’”, hace referencia a los siguientes dichos del diputado de De Narváez, Gustavo Ferrari:

"El hecho de que la oposición haya denunciado irregularidades -sin decir en ningún momento que esto alteraba el resultado de las elecciones- y que los medios de comunicación se hayan hecho eco de lo que dicen políticos, me parece que privar de esa realidad a la sociedad es de alguna forma incluso violar la libertad de prensa".  

Lo mismo podría leerse de la siguiente manera:

“El hecho de que algunos sectores de la oposición hayan intentado instalar infantilmente que errores marginales que se producen en todo proceso electoral fueron intencionados, pero que después no realizaran ninguna denuncia ni presentación formal y que los medios no hayan expuesto tal incoherencia porque no les importa la responsabilidad ética y profesional que les compete, y que eso se ponga en evidencia, me parece que privar de esa realidad alternativa e imaginaria a la sociedad es de alguna forma incluso violar la libertad de empresa o el mal uso de la libertad de prensa”.

El resto del artículo no resiste mayor análisis.

Kirshbaum, editor general de Clarín en “Peligrosa incontinencia verbal” desvaría un rato para parecer inteligente y luego dice “El Ministro del Interior acusó a los medios no adictos”. ¿No adictos? ¿La única adicción es al oficialismo acaso? ¿Y la adicción a la impostura, a los intereses sectoriales que no se condicen con los del pueblo, la adicción al golpismo que tanto los benefició? El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Y Clarín en dicha contienda sería el último en tirar la piedra, y junto con la piedra se le iría la cara si lo hiciera.

Para decorar más la vulgaridad, Clarín recurre a la ADEPA –conducida por ellos mismos-. Otra vez, la falacia de apelación a la autoridad. La ADEPA fue la misma que reivindicaba la gestión de los militares, que hablaba de campaña antiargentina. Cada vez que Clarín necesita que algún tercero le festeje sus obscenidades recurre a la ADEPA o a la SIP. Vulgar, esa es la palabra que los califica.

La ADEPA habla de “injuria” hacia la prensa. La Real Academia Española define al vocablo injuria como: agravio, dicho contra razón y justicia, daño o incomodidad que causa algo, delito o falta consistente en la imputación a alguien de un hecho o cualidad en menoscabo de su fama o estimación. Creo que se habrán referido a la acepción “daño o incomodidad que causa algo”, y ese algo en este caso es la verdad. Si retorcemos así el significado, entonces sí se trataría de una injuria. Si interpretamos el término como se lo entiende habitualmente, los injuriosos fueron los medios concentrados.

Al final de cuentas, esta cobertura muestra una homogeneidad discursiva de los medios concentrados y de gran parte de la oposición, su tiempo se ha agotado y no por decisión del gobierno, sino del electorado, de los compradores que hacen que año a año caiga la tirada de Clarín. No se pide que sean oficialistas, se pide que no sean golpistas y que sus dichos no sean meros divagues.

Siento que resulta oportuna una de mis frases favoritas de David Hume. “Los tontos son aplicados en propagar la impostura”. Y vaya si lo han sido.

Links: