jueves, 18 de noviembre de 2010

Sobre el Presupuesto Nacional 2011 y colindantes

Cualquier presupuesto tiene por fin establecer una determinada expectativa sobre los ingresos y gastos futuros, ordenarlos según determinadas prioridades y servir como herramienta de contraste una vez que dichos ingresos y gastos pasan del plano de lo esperado al plano de lo realizado.

Si la persona, ente o gobierno que está realizando su presupuesto no planea tomar deuda, sus ingresos esperados deberían al menos cubrir los gastos esperados para el período en cuestión.

En el caso del gobierno nacional, la inflación produce el efecto de aumentar los ingresos por recaudación impositiva. Imaginemos el IVA, es un porcentaje sobre las ventas. El monto vendido es el resultante del producto entre las cantidades vendidas y el precio al que se vendieron. Si los precios aumentan y las cantidades no, la recaudación por IVA aumenta de todos modos.

En la medida que, producto de la inflación, los gastos corrientes del gobierno no se aceleren más que los ingresos (si se diera, estaríamos ante el conocido efecto Olivera-Tanzi), el gobierno dispondría de más recursos de lo previsto para gastar discrecionalmente.

Hasta aquí no hemos hablado del problema adicional de la medición de la inflación. En otras palabras, estos fenómenos de dineros extra no planeados podrían producirse independientemente de cómo se mida la inflación. Ahora bien, si las estadísticas oficiales no son confiables (o si la gente no confía, para ser cortés con todos los lectores), en el sentido que los formadores de precios fijan sus expectativas inflacionarias de acuerdo a otras fuentes, claramente los ingresos impositivos serán mayores a los esperados, ya que los precios habrán crecido más de lo esperado –con el impacto explicado anteriormente sobre los ingresos.

Hasta aquí la cuestión puramente técnica en lo económico. Pasemos a lo político y a la situación concreta del presupuesto del gobierno nacional 2011.

El gobierno nacional envió el proyecto de ley del presupuesto 2011 al Congreso para su tratamiento/aprobación. La costumbre ha sido que el presupuesto se apruebe sin mayores consideraciones. Y así debería ser, ya que no es otra cosa que el plan de gestión, tarea del Poder Ejecutivo en el marco de la división de poderes de toda república. La tarea de la oposición debería ser auditar mientras se va concretando y ex post, si se respetó lo que se había aprobado por ley.

La oposición dice: “Ok, pero lo que pasa es que este presupuesto está viciado desde el origen y es por ello que no estamos dispuestos a aprobarlo”. Esto merece dos reflexiones: (i) La oposición debería entender que la política es un juego de “tire y afloje” en el que además de disfrutar ser vencedor, hay que saber serlo para no convertirse en un mal perdedor. Ser vencedor es una película, no es la foto del resultado de una elección; para ser vencedor hay que ser astuto a diario. La oposición no puede culpar de su inutilidad y su inoperatividad al gobierno de turno. Ellos no lograron introducir los cambios que consideran necesarios en el INDEC (y hace 2 años que tienen la mayoría en el Congreso) y pretenden que el gobierno fije las estimaciones de inflación de acuerdo a -lo que necesariamente nos lleva a la segunda reflexión-, (ii) sus propias estimaciones de inflación, estimaciones que obtienen de su propio lápiz o de consultoras privadas que son tan (poco) objetivas como el INDEC –porque responden a otros intereses-, pero que además no tienen la estructura operativa del instituto oficial de estadísticas para hacer un relevamiento serio de la evolución de los precios en el país.

El asunto del INDEC es otro, y escapa al tema central de esta nota pero, para que no pase desapercibido, creo que al gobierno quizás le resultó provechoso/útil/necesario (adjetivo para cada gusto) en algún momento “manejar” las estadísticas y que se metió en una situación de espada de Damocles de la que le cuesta salir. Hoy por hoy, con la mayoría de los bonos indexados en manos de la ANSES, no le suma demasiado esta situación en el instituto oficial de estadísticas. Le resulta útil, claro está, en términos de la discrecionalidad del gasto. Creo que no es el momento político para introducir cambios correctivos, supongo –espero- que lo harán una vez que tengan nuevamente la legitimación de las urnas y mayorías en el Congreso, lo cual los sondeos de opinión parecerían estar indicando como el escenario más factible.

La oposición esgrime que la suya es una posición de ética y moral, que no pueden ser cómplices de un presupuesto falaz que permitirá al gobierno nacional gastar más de la cuenta y en forma discrecional. Lo cierto es que si no aprueban el presupuesto, el gobierno tendrá aun más discreción en sus gastos ya que queda vigente el presupuesto del año anterior. Eso beneficiaría incluso más al actual oficialismo en un año electoral.

La pregunta que surge naturalmente es ¿por qué la oposición querría que esto sucediera? No se me ocurre otra cosa que basar mi respuesta en lo evidente: son inútiles, pusilánimes e inoperantes. Lo han sido en todas sus acciones desde que son mayoría. Quisieron hacer otra operación mediática para mejorar su imagen en un año electoral y les salió mal, y muy mal.

Podrían haber intentado aprobar una ley en la que se establezcan lineamientos de cómo deberían destinarse los recursos no previstos no sólo para 2011 sino para siempre. Pero no, prefirieron el escándalo mediático, prefirieron hacer la de las vedetongas de Tinelli, que salen a pelearse en todos los programas de chimentos de la siesta.

Carrió dormía  en su despacho cuando su Bulldog, digo... su Bullrich le fue a avisar que muchos diputados se habían “borrado”. ¿No estarían durmiendo como ella? Ningún medio de los tradicionales se percató de ese detalle. Ahí es –entre muchas otras situaciones- donde valoro la labor de 678. Muchas veces no comulgo con su absoluto oficialismo, pero destaco que son sinceros, reconocen su identidad oficialista. No son como Clarín que se vende como “prensa independiente” y tiene compradas incluso asociaciones internacionales (SIP/ ADEPA) para recurrir a las más básicas falacias de apelación a la autoridad y a la ignorancia. Si 678 no hubiera notado este detalle –que Carrió también estaba ausente del recinto-, ella no habría necesitado excusarse como un chico de primer grado que no hizo sus tareas en la Comisión de Asuntos Constitucionales diciendo que “dormía porque se está recuperando de un problema de salud”. Sin 678 probablemente no nos habríamos dado cuenta que el multimedios Clarín ya sabía de antemano el contenido del “sobre sellado” de Cynthia Hotton. Figuraba en el zócalo de TN, además mostraban el rostro de la “oficialista” Fadel y de la “diputada” Hotton. TN se refiere así, distinguiendo, aunque ambas son diputadas –ninguna de las dos de mi agrado personal-.

La pregunta obvia es ¿quién le dio el sobre a quién? Es decir, ¿quién se lo dio a  la Diputada Cynthia Hotton? Porque es claro que ese alguien ya le “había comentado del contenido al grupo Clarín”.

Tras el exabrupto de la Diputada Camaño (sí, vieron, a todos les digo diputados, sean oficialistas u opositores), al respecto Clarín tituló: «El kirchnerismo embiste contra Camaño, que admite que debe “rendir cuentas”» http://www.clarin.com/politica/congreso/cachetazo-kirchnerismo-renuncia-Camano-comision_0_374362736.html

Así había titulado sobre Moreno en la reunión de accionistas de Papel Prensa: «Moreno volvió a provocar: llevó guantes de box a Papel Prensa» http://www.clarin.com/politica/Moreno-provocar-guantes-Papel-Prensa_0_316168435.html

¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que Magnetto gobierne desde las sombras? Es el mismo señor que brindó entre carcajadas con los genocidas en los ’70, el mismo que se benefició de la estatización de la deuda de Cavallo al comienzo de los ’80, el mismo que le dijo a Alfonsín (padre, vale la aclaración porque era un hombre mucho más íntegro) que se había convertido en un obstáculo en el ’87.  Fue el mismo que le dijo a Menem –mientras éste era Presidente de la Nación- que el suyo era “un cargo menor”. Fue el mismo que le dio el puntapié final al gobierno de De la Rúa cuando consiguió un candidato que le prometiera que ante la inevitable devaluación, licuaría sus pasivos. Es el mismo que viene intentando voltear a este gobierno, que bueno o malo, corrupto o decente, o combinación lineal de todo esto, fue elegido por soberanía popular.

Es por eso, fundamentalmente, que defiendo a Cristina, no porque coincida con todo lo que ella ES o lo que ella HACE, sino porque a ella la votó la mayoría de la gente, porque prefiero defraudar la voluntad de Magnetto y 10 familias más, que la voluntad de millones de argentinos que han puesto sus esperanzas en el sistema democrático.

Quiero terminar esta nota con una frase que leí hace unos días y que creo que refleja la posición de muchas personas en la actualidad, no recuerdo dónde: “No soy Kirchnerista, pero con esta oposición...”

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