martes, 28 de abril de 2015

PASO 2015 - Primera jugada

Si hay algo que evidenciaron las PASO de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires del domingo es el rotundo éxito comunicacional del PRO. Lograron convertir la PASO en casi unas PCO (Primarias Cerradas Obligatorias). Muchos votantes entendieron que debían dirimir entre los dos candidatos del macrismo, y que todo el proceso electoral se reducía a ello. Se construyó con ayuda de algunos medios (muy poderosos) esta gran falacia que satisfizo el apetito de todo tipo de votante: desde aquellos que son simpatizantes del PRO hasta aquellos que lo detestan. Era común leer frases como: “Macri pone en juego su liderazgo y su proyección nacional al expresar explícitamente su apoyo a Rodríguez Larreta, más aun cuando las encuestas muestran una ventaja importante a favor de Michetti”. Al día siguiente, o un par de días después para no resultar tan burdos, anunciaban que la diferencia se iba acortando; implícitamente estaban instalando el impacto del liderazgo del insulso Mauricio.

Nunca estuvo en juego nada. Si hubiera ganado Michetti, la imagen habría sido la misma: Macri exultante diciendo que todos los votos eran del PRO y los medios concentrados diciendo que el 47% de los porteños y porteñas eligieron al partido de los globos amarillos. “Mauricio Macri se anota un nuevo poroto” habrían titulado el lunes.

Sea como fuere, este voto “estratégico” de quienes votaron a Michetti para perjudicar a Macri no puede representar más que algunos pocos puntos porcentuales. Así, habría tres tipo de votantes de Michetti: (1) Aquellos que la votaron para perjudicar a Macri (probablemente el subgrupo más pequeño), y ahora migrarán hacia otras fuerzas políticas. Es sin dudas a este grupo al que el FpV tiene mayores chances de seducir. (2) Aquellos votantes de Michetti que valoran su condición de ultramontana, perteneciente a la derecha conservadora católica, y que por tanto encontrarán en Rodríguez Larreta al sustituto más cercano del conjunto disponible. (3) Por último están aquellos que perciben de Michetti una imagen más pulcra y honesta en comparación a Larreta. Es probable que al menos algunos de estos migren hacia otras opciones, fundamentalmente a ECO, simplemente porque la transición es menor que al FpV dada la alianza nacional de los referentes principales de cada partido. Esto queda manifiesto en el discurso de la hilarante Lilita Carrió donde quizás pasó desapercibido pero pisoteó la delicada estrategia electoral que debe construir su candidato de ahora al 5 de julio y al balotaje para diferenciarse de Rodríguez Larreta, diciendo que el 70% del electorado de la CABA había votado a favor de la república. Sin dudas priorizó su propio posicionamiento nacional apalancándose en su delfín, pero perjudicándolo al mismo tiempo. No es de sorprenderse, nunca se ha caracterizado por su generosidad política pero sí por su espíritu destructivo.

Analizar los motivos por los cuales ganó el PRO las PASO sería materia de otro artículo, caso contrario sería inacabable y se perdería el hilo. Sin embargo, es una reflexión que debe realizarse porque el triunfo fue contundente: ganaron en todas las comunas. Hay mucho que el macrismo no ha hecho (http://www.orillasur.com/razones-para-votar-al-pro/) y no por falta de tiempo, sino por falta de voluntad, porque no responde a su visión de lo público. Pero han hecho muchas cosas que el votante porteño aprecia, quizás producto de las décadas de escuchar que tal o cual cosa no se podía hacer por falta de la autonomía de la ciudad y años de cosas que no se hacían porque la economía a nivel nacional andaba mal. Es cierto que el macrismo ha gobernado la ciudad en la época de mayor crecimiento de la economía nacional. Es cierto que han aumentado los impuestos como ningún otro gobierno, más que cualquier índice de inflación. Es cierto que no construyeron nada de los subtes que prometieron y que en cambio construyeron carriles selectivos costosísimos para los mismos colectivos que ya circulaban, muchas veces destruyendo obras que habían terminado poco tiempo atrás (como en el caso del boulevard en Cabildo) desnudando su ineficiencia en la planificación –o la buena predisposición a enriquecer a quienes realizan las obras, para los más escépticos. Es cierto que las bicisendas en muchos casos son un cordoncito y una demarcación y que el carril más próximo al cordón cuneta es inutilizable por el desnivel y las roturas. Pero también es cierto que el metrobus reduce el tiempo de viaje de los usuarios, y que las bicisendas malas o buenas sirven y hacen que el viaje en bicicleta sea más seguro. También es cierto que quizás el contrato de la basura sea desastroso pero la basura ya no se acumula en las esquinas, y la ciudad está más iluminada. Cada uno de estos puntos merece un análisis exhaustivo, pero aquellos que somos opositores al PRO deberíamos estudiar bien la porción de lo que se hizo bien porque evidentemente, por pequeña que esta sea, les alcanzó para tener un triunfo aplastante. Inversamente, el ejercicio insistente de mostrar lo que no han hecho o han hecho mal (cultura, salud y educación pública, negociados con grupos concentrados como Clarín y las netbooks), que es mucho y grave, tampoco nos sirvió para restarles votos.

Pero volvamos a lo que nos atañe: las PASO en Capital y sus posibles repercusiones a nivel nacional. La jugada de respaldar a Rodríguez Larreta ha sido riesgosa por todo lo expuesto anteriormente pero también porque el ahora candidato a Jefe de Gobierno por el PRO tiene menos carisma que un helecho. Ayer un amigo me dijo “el carisma se compra”. Como economista si algo se me ha inculcado es que los mejores resultados sólo son tales en el contexto de una restricción presupuestaria. El óptimo irrestricto es casi un oxímoron en economía. No puede decirse que es una utopía porque de ser posible casi que la vaciaría de sentido como ciencia. Todo esto viene a que de hoy a julio y luego a agosto y octubre, Macri tiene un presupuesto determinado y una cantidad finita de obras que puede inaugurar para aumentar su imagen positiva y la de su candidato a Jefe de Gobierno. Ambos deben lucirse con las mismas obras y bien reza el dicho popular “muchas manos en un plato, hacen mucho garabato”.  Esto refuerza la pregunta de hasta qué punto Macri tiene campo de acción para hacer crecer su candidato sin comprometer su propio crecimiento.

El carisma no es una variable menor a la hora de pensar un escenario de balotaje. El mismo candidato del PRO reconoce que es altamente probable que dicho escenario se presente. ¿Qué pasa si Michetti decidiera alejarse del PRO, o al menos no dar un apoyo manifiesto a la candidatura de quien fue su rival hasta ayer? Michetti hasta el momento descartó integrar la fórmula con Macri para la presidencia. ¿Y si modificara su postura? ¿Habrá sido todo parte de una estrategia para dar una nueva muestra de fortaleza del PRO en CABA y por el principio de transitividad fortalecer a un candidato débil como Rodríguez Larreta? Interrogantes como este hay montones, pero de nuevo… no nos distraigamos. Michetti era una candidata con mucho más carisma (mal que me pese) para enfrentar a otra fuerza en un escenario de balotaje. Si la elección no se definiera el 5 de julio próximo en primera vuelta, y se repitiera el orden de las PASO, quizás el PRO, con su candidato ayer elegido, se la vería más complicada con el candidato de ECO. Pensar en los votantes del FpV apoyando a Rodríguez Larreta es bastante más inverosímil que imaginarlos poniendo la boleta de Lousteau en la urna, más allá de los esfuerzos destructivos de su jefa política. Uno imaginaría que los votantes de Ocaña también se inclinarían hacia el ex Ministro de Economía de Cristina (aunque quizá algún que otro votante que “la hormiguita” conquistó en sus épocas de coqueteo político con De Narváez elijan votar al PRO). El resto de los votantes se dividirían presumiblemente según la ideología del candidato que votaron inicialmente. Así, por ejemplo, aquellos que votaron partidos de izquierda quizás encuentren mayor proximidad a las propuestas de ECO que a las del PRO. Hablar de votos en blanco o nulos distraería el análisis y no creo que sean protagonistas en ninguno de los escenarios políticos posibles, es por ello que no se han tenido en cuenta en estos esbozos de análisis.

En un mundo estocástico a todos los escenarios se les puede asignar una probabilidad que va entre 0 y 1. Imaginar una segunda vuelta en la que el FpV sea el contendiente tiene sin duda una probabilidad en ese rango, aunque es de suponer que sea cercana al extremo inferior. Así, si se diera (porque ex post la probabilidad siempre es 0 o 1), es bastante razonable suponer que se repetiría un escenario como el que vivió Filmus en 2011, quizás menos arrollador, porque Rodríguez Larreta despierta un rechazo mayor (o causa menor simpatía según como se vea) en el electorado que su predecesor. Independientemente de esto, es lógico que el FpV continúe militando sus candidatos con el objetivo de seguir posicionándose en la ciudad y también para colocar la mayor cantidad de legisladores posible. Una estrategia inteligente debería lograr un delicado equilibrio de evidenciar las similitudes entre PRO y ECO pero sin exagerar; de lo contrario corren el riesgo de caer en la trampa de ser útiles a una nueva estrategia similar a la Michetti vs. Rodríguez Larreta de la que se habló en los primeros párrafos, pero ahora entre PRO y ECO.

Pero bueno, imaginemos que hemos llegado al 5 de julio, ninguno de los candidatos alcanza el porcentaje necesario para llevarse la victoria inmediata y pasamos al balotaje. Imaginemos que los dos más votados son Rodríguez Larreta y Lousteau. Claramente Lousteau no es Carrió, al menos no hay una correspondencia directa, inalterable y de durabilidad garantizada;  mucho menos es Macri. Pero no es descabellado creer que un triunfo de Lousteau no terminaría siendo una derrota tan tremenda para Macri como si ganara el FpV, porque después de todo la Ciudad quedaría en manos del delfín de su aliada, a quien probablemente borre del mapa electoral en agosto. Afortunadamente, permitiéndome la ironía, las alianzas de Carrió son como lo bueno y delicioso: duran poco (y encima no son buenas ni deliciosas), y una vez diluida la alianza con Macri, o quizás antes incluso, la alianza Carrió-Lousteau también se disolverá. Lousteau necesitaba apoyarse en la CC para tener una estructura de militancia para su candidatura. ¿De qué le sirve ahora una candidata que tiene menos de 7% de intención de voto a nivel nacional y que en su elección anterior no llegó al 2%? Si todas estas alianzas evolucionaran como generalmente evolucionan estos rejuntes de gatos en una bolsa, tendríamos un Jefe de Gobierno que no responde ni a Macri ni a Carrió. Resta preguntarnos cuán distinto sería a ellos sin ellos, pero ese es otro asunto.

Un triunfo de Lousteau implicaría no demasiado leverage para Carrió a nivel nacional. El electorado de la Ciudad de Buenos Aires si bien es importante no es definitorio en una contienda nacional, y Carrió no tiene candidatos fuertes en otras jurisdicciones. En cambio, quizás si bien a primera vista una derrota de Rodríguez Larreta en manos de Lousteau podría parecer un golpe a Macri, si sus asesores comunicacionales (que ya han mostrado su talento) lograran suavizar el impacto apelando a la alianza con Carrió, diciendo que lograron mantener la ciudad fuera del ámbito del kirchnerismo, o “en manos de la república” como tanto le gusta decir a la chaqueña y sumando algunas victorias electorales de aquellos a quienes él ha respaldado en otras provincias, su leverage incluso en la derrota sería mayor que el de Carrió, con lo cual a ésta quizás le convendría salirse de dicha alianza antes de la contienda nacional, lo cual resulta improbable en el margen al menos en el escenario actual.


El escenario político de los próximos meses es complejo y apasionante. Veremos cómo los candidatos van jugando sus cartas.-

viernes, 27 de septiembre de 2013

Y la interrupción legal y gratuita del embarazo sigue siendo tan sólo un sueño

Tres años pasaron desde la última vez que escribí sobre la interrupción legal y gratuita del embarazo, para la Argentina, y para donde falte. Tres años y el escenario no parece más promisorio. El estancamiento es involución, es muerte. Es la  involución social lo que debería ser materia de la “moral social”, debería ser asunto de profunda preocupación. En cambio, nos congratulamos de tener un papa argentino. Nos conformamos con sus declaraciones vacías de real contenido, pero llenas de hipocresía. ¡Qué nunca falte! La hipocresía es el combustible de nuestrxs indignadxs de cada día. Es casi como si nos enorgulleciéramos de aquello que simboliza nuestro estancamiento, nuestro retroceso.

Como sociedad nos cuesta entender y respetar que hay decisiones que son personales, que no son materia de escrutinio público. En muchos aspectos los humanos como colectivo somos muy involucionados.

Cuando se discute “el aborto” como algo moral, o algo abstracto e ignoramos o no nos detenemos ni un segundo a pensar que estamos hablando sobre una decisión concreta de una persona en un momento determinado, en ejercicio de su absoluta soberanía y prerrogativa de su propio cuerpo, somos bestias salvajes. No nos cabe otro calificativo. El hecho que parezca repetirse en múltiples oportunidades porque lo practican muchas mujeres, no lo estandariza y mucho menos lo hace materia de escrutinio público. Lo hace, en todo caso, un asunto de seguridad social, de salud pública, incluso constituye materia para políticas progresivas en cuanto al achicamiento de las inequidades sociales. Debemos entender y repetir al hartazgo que los abortos que se dan, son recurrentes decisiones individuales y personalísimas, no aditivas con el fin de ponerse bajo la lupa de la “moral social”, si es que tal cosa debiera existir siquiera.

El ser humano, una vez que deja de ser nómade y las comunidades se convierten en mezclas de culturas y creencias, crea al Leviatán y le confiere entidad y poder para regular la convivencia. Hay polémica alrededor de la construcción de los primeros Estados que es pertinente pero excede el alcance de esta nota. No obstante, procurando no irme por las ramas no puedo dejar de decir que cada vez que los seres humanos pretendemos usar al Leviatán para aplastar, marginar o quitar la condición de humano o humana, la dignidad de algunos/as de aquellos o aquellas con quienes cohabitamos, estamos socavando el [que debería ser el verdadero] sentido de ser del Leviatán, del Estado.

En el trayecto desde aquellos albores hasta la actualidad, hemos potenciado, en algunos aspectos, lo peor del Estado, su matriz represiva. Tras legítima coerción ocultamos en forma cómplice, violenta represión. Cada vez que miramos al costado, que somos condescendientes con aquellos y aquellas que tanto han hecho por deshumanizarnos,   corremos el riesgo de convertir al Estado definitiva e irreversiblemente en un vehículo para que algunos puedan imponerse sobre los demás, para que puedan ejercer su despotismo con total, convalidamos su ya arraigado sentir que es correcto que puedan decidir sobre cómo viven su vida los demás. Cimentamos y reforzamos el pedestal moral en el que arbitrariamente se han colocado.

Es una tarea casi de docencia cuando alguien nos dice “es que algunos prefieren…” aclarar que el punto donde deberíamos concentrar nuestra atención argumentativa es primigenio, si entendiéramos cabalmente que no son decisiones de nuestra incumbencia entenderíamos también lo ilógica que es la pretensión de expresar preferencias sobre el tema. Cuando una decisión es tan personal los demás no tenemos voto en ella, quizás tengamos voz, porque el derecho a la libre expresión existe, y está bien que así sea, para usarlo bien o mal. Seguramente, si fuésemos más reflexivos, más respetuosos, seríamos más sensatos y economizaríamos su utilización evitando contribuir recurrentemente a su bastardeo.

Deberíamos entender que es violento creer que el aborto deba estar sujeto a voto.

Si fuéramos seres verdaderamente respetuosos del otro, nos parecería aberrante creer que podemos arrogarnos el derecho de votar sobre decisiones que no nos competen.

Es fundamentalmente un asunto de obsceno machismo. El hombre es dueño indiscutido de su cuerpo, es compadrón incluso del mismo. La mujer en cambio, tiene que pedir permiso. Es de una misoginia evidente, recalcitrante diría yo, negar esta realidad. Y es particularmente vergonzoso escuchar comentarios mezquinos de algunas mujeres contra otras, cuando es de ellas mismas que debería esperarse la mayor empatía. ¡Cuántas de esas que se horrorizan con sólo decir la palabra “aborto” habrán recurrido a una clínica clandestina para interrumpir sus embarazos! ¿Hasta qué grado llega la violencia social para obligar a alguien que entiende más que nadie lo doloroso de esa decisión a convertirse en cómplice repudiando a aquella que lo hace un tiempo después? ¿Puede el terror del potencial ostracismo suprimir el efecto empático que debería producir el haber experimentado semejante situación? Evidentemente sí, o quizás simplemente seamos sínicos hipócritas.

¿Hasta cuándo vamos a permitir que ese puñado de personas sintiéndose iluminadas por alguna gracia divina, puedan infringir semejante grado de violencia?

La justicia social no es completa cuando tantas mujeres pobres mueren en el anonimato de un aborto mal realizado. Y vuelven aquí las complicidades centenarias. Hace un tiempo atrás, hablando con una médica, me comentaba de un pacientito hemofílico que hacía tiempo que no venía a control. Un tiempo después, el pacientito fue llevado por su tía. La médica sorprendida, le preguntó por la madre. La tía del niño, hermana de la madre, le explicó que la madre al descubrir que estaba embarazada nuevamente se colgó. No podía arriesgarse a tener otro hijo varón (hemofílico). Había querido ligarse las trompas, pero le objetaron cuestiones de consciencia, en un hospital público. La mujer en su ignorancia no sabía que aunque más no fuera un médico tenía que haber que se las ligara.  Quiero enfatizar en el uso de “no podía”; porque hay mucha gente que vive en una realidad acotada –por no decir “en una nube de pedos”- que piensa que la vida sólo se compone de elecciones.

Las elecciones son para aquellos que podemos pagarlas.

Para muchísimas personas, la vida se presenta como un complejo absolutamente exógeno, sobre cual su impotencia es infinita. Y esa gente, que es la más necesitada de protección queda a merced de su involuntaria ignorancia, del abandono, de la mirada para el otro lado. Son esas mujeres las que más sienten la opresión de un Leviatán que parece más predispuesto a satisfacer la ignorancia ilustrada de unos pocos que cobijar en sus brazos a los más débiles. Después de todo, los más fuertes al usar al Leviatán de ese modo están negando su razón de existir.

Esta mujer se suicidó porque no tenía 1000 pesos para pagarle al curandero de la villa, y porque no podía abortar, porque para la Iglesia estaba mal.

Hay una mujer muerta y un niño enfermo sin madre.

Hay miles de mujeres muertas y niños y niñas que quedan sin madre.

Pero son pobres, no tienen nombre, no le importan a nadie.

No es verdad, a algunos –pocos- sí. El resto sigue fielmente las enseñanzas de la fe católica, “al pobre hay que tenerle lástima, pero nunca involucrarse, nunca tratar de entenderlo”.

Vivir en una sociedad más justa no es tener el PIB de Qatar, es que la gente coma, se eduque y se respete la dignidad humana de todos y todas, minorías o mayorías, pobres o ricos, débiles o fuertes. Gran parte de las últimas líneas fueron extraídas de aquella nota que escribí hace tres años, aquella a la que hacía referencia al inicio. En aquel entonces cerraba la nota diciendo “Tengo la esperanza de que en no demasiado tiempo el aborto legal y gratuito se convierta en otra conquista social que nos enorgullezca como sociedad. Una conquista que nos hará sin duda cada vez más civilizados”. Tres años han pasado ya, tres años son muchas muertes, son demasiado tiempo. Hoy no estoy tan seguro de que vaya a suceder pronto, pero estoy seguro que a pesar de que los impedimentos parezcan multiplicarse , debemos seguir luchando.

Otra vez, como tres años atrás, quiero terminar con la frase que se viene usando en las campañas que defienden el derecho de las mujeres a decidir sobre sus propios cuerpos:

“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal y gratuito para no morir”.

viernes, 26 de abril de 2013

Sobre la inflación y la opinión pública

Esta nota está motivada lógicamente por el episodio que vivió recientemente el Ministro de Economía, Hernán Lorenzino, en una entrevista para un documental griego. No creo que sea necesario comentar más la situación porque todos y todas deben estar al tanto. Verdaderamente me sorprendió la ingenuidad o falta de habilidad si se quiere con la que Lorenzino manejó la situación. En los siguientes párrafos se esbozan algunas de las respuestas que podría haber dado, sin faltar a la verdad, aunque quizás omitiendo detalles que podrían tener un costo político alto –no seamos ingenuos, un político cuida su oratoria para evitar tales situaciones. Asimismo finalizo el texto dando algunas opiniones sobre la cuestión de fondo que es la inflación en nuestro país, para no hacerme el desentendido, vio?

Esto no pretende ser un artículo con rigor académico así que me excuso de antemano por las eventuales (severas) omisiones que pueda cometer con el objetivo de simplificar el análisis.

No entiendo porqué reaccionó como lo hizo. Podría haber respondido montones de cosas, sin ponerse en un lugar tan complicado. La periodista no iba a repreguntar.

Podría haber dicho que muchas veces, la inflación es un fenómeno asociado a economías de alto crecimiento, un caso es el de Corea del Sur como se muestra en el gráfico 1. En el mismo, si se elige como fecha de inicio a 1966 y luego se aprieta "refresh" queda ilustrada la serie histórica desde 1966 a la fecha para el índice de precios al consumidor de dicho país. Corea del Sur es un ejemplo de un proceso exitoso de crecimiento que en sus inicios convivió con alta inflación, pero también debe decirse que eventualmente logró controlarla -lo que permite que el crecimiento sea sostenible en el tiempo. Hasta aquí podría haber llegado el Ministro. Me permito agregar en este texto que hasta el momento no hay evidencias sólidas que sugieran que el caso de Corea del Sur sea extrapolable en su totalidad al proceso que está experimentando la Argentina. Creo (digo “creo” porque las palabras vertidas en este texto son meras hipótesis, no son resultado de un estudio científico, como ya aclaré anteriormente) que la inflación en la Argentina no es un fenómeno atribuible pura y exclusivamente al crecimiento (esto queda en evidencia en que se ha mantenido alta –aunque un tanto morigerada, lo cual permite descartar el fenómeno de espiralización- incluso en los años en que se ha desacelerado la economía); hay sin dudas otros factores igual o más importantes. Sin embargo, repito a riesgo de ser reiterativo, esto no es un estudio académico ni pretende serlo. Es obvio que el Ministro no tenía necesidad de hacer tantas aclaraciones. Quien escribe las hace para “abrir el paraguas” ante posibles –y pertinentes- objeciones. Bastaba con que planteara la posibilidad que Argentina esté experimentando un fenómeno de inflación elevada dadas las altas tasas de crecimiento de la última década.

-Gráfico 1-

Source: tradingeconomics.com

Podría haber hablado de inflexibilidad de precios a la baja, podría haber hablado de algunos núcleos y sectores con poder de mercado para la fijación de precios y sostenimiento de margenes de negocio supranormales, podría haber hablado de los planes (que aún no se sabe bien en qué instancia de desarrollo se encuentran) para construir un nuevo índice de precios al consumidor, podría haberse concentrado más en la idea que ninguna de las consultoras privadas tiene las herramientas necesarias para realizar un relevamiento serio de precios de bienes y servicios para conformar una canasta representativa, contrastable consigo misma en períodos anteriores y posteriores.

Podría haber hablado de cómo en algunos países (incluso países desarrollados, uno de ellos: Estados Unidos) las métricas de nivel de precios al consumidor, más específicamente para el cómputo de la inflación núcleo, se excluyen bienes cuyos precios se consideran no sistémicos y de alta volatilidad (los precios de alimentos y la energía por ejemplo), haciendo que –de acuerdo a sus críticos- sus índices de inflación posean un sesgo hacia abajo (lo cual no necesariamente implica que estén subestimados puesto a que la definición científica por la cual se excluyen ciertos bienes puede estar fundamentada con un cuerpo teórico. No obstante, cabe destacar que existe polémica al respecto). En los gráficos 2 y 3 puede observarse este punto. Si se toman datos desde enero de 2000 a la fecha (realizando el mismo procedimiento  que en el gráfico 1 respecto a selección de fecha de origen, año 2000 en este caso, y presionando "refresh") para ver la inflación anual y la inflación núcleo (aquella que no incluye la influencia de los bienes citados). Puede observarse que la inflación núcleo es siempre menor y cuando se compara la evolución de los respectivos índices punta contra punta hay poco más de 10 puntos porcentuales de brecha en el acumulado.

-Gráfico 2: Tasa de inflación de EEUU, Enero de 2000-Abril de 2013-

Source: tradingeconomics.com



-Gráfico 3: Inflación Núcleo EEUU, Enero de 2000-Abril de 2013-

Source: tradingeconomics.com


Podría haber dicho que el gobierno es consciente de la desconfianza bastante generalizada que sufren las mediciones del INDEC, fundamentalmente las del  Índice de Precios al Consumidor (IPC). Podría haber dicho esto aún defendiendo las mediciones, pero aclarando que de nada sirven si los agentes económicos no las utilizan para la toma de decisiones. A esto, podría haber agregado que con el nuevo IPC federal que se supone que están elaborando pretenden cambiar esta situación.

Podría haber dicho que independientemente de cuál sea el nivel de precios y su variación interanual (inflación), en la Argentina gran parte de los salarios se determinan en paritarias libres que han resultado en incrementos salariales que suelen superar el 20% anual. Podría haber dicho que los incrementos en jubilaciones y pensiones han superado ampliamente la variación anual del IPC oficial. Podría haberse concentrado en que las políticas que han logrado composición (para quienes nunca tuvieron o no lo tenían hace tiempo) y recomposición de los salarios de los trabajadores hacen que según estudios internacionales, los indicadores y logros socioeconómicos en la Argentina de la última década hayan sido de los que más mejoraron en la región, estudios de organismos dependientes de ONU por ejemplo. A fin de cuentas, esto último tiene mucha más relevancia para quien quiere hacer un parangón de la posible trayectoria de la economía griega en una eventual salida del Euro, restructuración de la deuda, etc. De esto iba el documental para el que estaban entrevistando al Ministro en teoría después de todo.

Podría escribir mucho más, pero esto es una nota de opinión, no merece la pena extenderse demasiado y cuanto más uno escribe, más se aburre el lector y mayor es el riesgo de incurrir en errores y omisiones producto de la necesidad de simplificar para abarcar un público más amplio.

Habiendo dicho todo esto no habría mentido, son cuestiones que desempeñan un importante rol para explicar la dinámica de la inflación en la Argentina. Es innegable que la inflación existe, que es un problema y que lamentablemente aún no se ha logrado corregir (existe polémica entre los más detractores de si siquiera se ha intentado hacerlo). Es por eso que sorprende la escasa verborragia del Ministro de Economía al habérsele preguntado algo así...

Me parece importante verter una pequeña reflexión sobre la inflación, la fiabilidad de mediciones y otras yerbas para dejar claro mi posicionamiento al respecto. Ya lo hice en una nota anterior sin embargo. Es claro que es importante tener mediciones fiables de los estadísticos. Se necesita para diseñar buenas políticas públicas y para que terceros puedan auditarlas y otros continuarlas. Se necesita hacerlo para que los académicos puedan analizar los problemas de nuestra economía por ejemplo y pensar en soluciones de corto, mediano y largo plazo que sean eficientes. No se puede responder: “tenemos un plan (secreto) correcto”, y no sólo por una cuestión de transparencia de los actos de gobierno sino porque –además- ningún gobierno dura para siempre, y el que siga tiene que poder construir en función de lo ya construido. Es importante que esas mediciones fiables provengan del instituto oficial de estadísticas, puesto que es el que está dotado de las mejores herramientas para hacerlo, y porque en general uno no debería suponer que sus intenciones sean otras que las de producir y divulgar estadísticas fiables. A priori, no puede decirse lo mismo de las consultoras privadas. 

Al ciudadano de a pie, debería indignarle menos que se midan mal los índices de precios que el hecho que la inflación complique sus finanzas personales. Porque es eso lo que en realidad les molesta, y con razón, pero se suman a la pelea mediática. A la inflación puede calcularla hasta un mono, lo difícil es construir una canasta lo suficientemente representativa, otorgarle ponderadores acertados a los bienes y servicios que la componen, y recolectar la muestra estadística en forma correcta, constante y desprovista de demás vicios de medición. En otras palabras, lo complejo es elaborar el índice de precios. A muchos que nunca en su vida van a mirar un índice de precios parece molestarles más que se calcule mal al hecho subyacente que es que la inflación sea alta y su salario no llegue a ajustarse a la evolución de los precios de los bienes y servicio que consume. Es importante decir con toda claridad que una inflación alta atenta contra un proceso de redistribución equitativa del ingreso. La inflación golpea siempre más duro al que menos tiene. Primero porque son los bienes que consume aquellos cuyos precios más crecen, segundo porque tiene acceso a menos instrumentos alternativos para proteger lo poco que le sobre de los efectos corrosivos del alza de los precios y tercero porque en general son los que menos poder de lobby tienen para lograr una recomposición de sus ingresos.

Para el empresario, para el inversor, una medición confiable de la evolución de los precios de la economía es fundamental, ya que los precios relativos son señales para asignar recursos. El problema de la inflación es que distorsiona dichas señales. Señales erradas inducen inversiones erradas que suelen terminar en quebrantos que impactan sobre el empleo de la gente y su calidad de vida. Además vía el canal del ahorro, atenta contra el crecimiento de largo plazo.

La inflación es un problema que no hay que desatender. Personalmente creo que hay gente idónea en el gobierno y que están buscando articular los mecanismos necesarios para controlarla sin perjudicar el proceso de crecimiento y la inclusión social. Me parece positivo que se busquen soluciones creativas. La vía de los ajustes permanentes de la ortodoxia económica ya la hemos experimentado y los resultados han sido funestos. No me extiendo más, ya los aburrí suficiente. En todo caso la seguimos con los que les interese profundizar el debate en alguno de los puntos tratados. Saludos!

miércoles, 15 de febrero de 2012

Alguien quiere pensar en los niños? El grito histérico de Sylvina Walger

Hoy, 15 de febrero de 2012, Sylvina Walger escribe en La Nación una columna referida a Malvinas, la cual titula "Por favor, dejemos en paz a esos isleños". Al final de esta respuesta comparto el link al artículo.
La autora abre su nota con la palabra “sorprende”. A mí me sorprende que alguien que no sabe redactar llegue a columnista de un diario centenario como La Nación. Que me equivoque yo –como seguramente lo haré- que no soy periodista ni escritor vaya y pase, pero ella, que la venden como escritora, periodista e “intelectual”... No es “El Informe Rattenbach lo tengo”, sino “Al Informe Rattenbach lo tengo” –dicho sea de paso, si lo tiene “completito”, páseselo a los canallas de sus colegas que aducen que el informe que se va a desclasificar está incompleto y adulterado-. Segundo, y habiendo leído el artículo sin prestar demasiada atención a este tipo de detalles, nuevamente abre un párrafo con la palabra “sorprende” y la verdad es que sorprende su falta de concordancia lógica, dice: “ningún opinador oficial o la misma Presidenta no se hayan molestado en ojear”. Señora, se dice: “ningún opinador oficial ni la misma Presidenta se hayan...”. Si repite la negación, cancela la primera en términos de la lógica argumentativa. Además la sintaxis es simplemente errónea.  Seguramente habrá muchos errores más, pero no nos pongamos quisquillosos, sino nos perdemos del meollo del asunto.
La señora Walger recurre a un argumento tan infantil como erróneo al decir “las guerras se ganan o se pierden”. Poco fértil será el argumento que surja de una tautología. Primero, no hay que olvidar que la guerra fue iniciada por un gobierno militar que no contaba con la legitimación del voto popular ni de las instituciones de la democracia. Puede retrucar que “la gente” –colectivo utilizado en forma falaz permanentemente- apoyó masivamente y como ejemplo poner la masiva concurrencia a Plaza de Mayo (de hecho lo hace más avanzado el artículo). Sin embargo eso es puro efecto de imagen; como en vísperas de la votación por la ley de matrimonio igualitario, miles de cristianos fueron llevados por sus iglesias a la Plaza de los Congresos, mientras las encuestas señalaban que la población en su conjunto apoyaba mayoritariamente la ley. Nunca es asimilable una plaza llena a lo que se manifiesta mediante el voto popular en las urnas. Y aunque se vencieran todos estos obstáculos argumentativos, queda el hecho que la cronista adhiere a la ley de la selva en un mundo supuestamente civilizado. Le concedo que en la realidad muchas veces debamos soportar el avasallamiento de los países poderosos, pero de ahí a avalarlo y condonarlo, la distancia es larga. Siguiendo su línea argumentativa, los británicos podrían usar su destructor y sus aviones de última generación y conquistar la Argentina hoy, y nosotros deberíamos quedarnos sin chistar después, porque “las guerras se ganan o se pierden”. Creo que es más que evidente que su razonamiento es cuanto menos absurdo, y en mi opinión: mezquino.
Profundiza en la misma línea argumentativa cuando se masturba intelectualmente hablando de la Alemania imperial de Bismarck. Siempre pienso cuán ridículos son los autores de poca monta intelectual. Estructuran sus razonamientos de la misma manera: dicen una estupidez que resulta rebatible con el sólo uso de la lógica formal y quizás unos pocos argumentos básicos, y a esa estupidez le suman un par de palabras y/o ejemplos cargados de grandilocuencia para intimidar al lector. El lector con algo de astucia sabe que debe saltar esa parte y no caer en la trampa con la que este tipo de autores buscan cubrir la falta de solidez de sus argumentos. Sin embargo, en forma muy sucinta también me referiré a este párrafo. Señora, ¿se da cuenta de la incoherencia de su argumento? Alemania le quita a Francia, Francia recupera de Alemania, Alemania no se queja. Si Ud. pone este ejemplo, induce un parangón. Entonces: el Reino Unido le quita a la Argentina en 1833, y si la Argentina hubiera recuperado las islas en 1982 según su argumento, los británicos no podrían reclamar (con lo cual yo estaría de acuerdo pero basado en un razonamiento lógico distinto). ¿Dónde quedan ahí los isleños por los que Ud. muestra tanto interés que incluso titula su nota apiadándose de esos 3.000 individuos? Mi mamá de chiquito siempre me decía: más vale parecer tonto por callado antes que abrir la boca y confirmarlo.
En el párrafo que inicia con “La malsana aventura...” incluye un paréntesis que quizás por mala redacción no se entiende su sentido, ¿habrá querido decir “y después no figuraran en los mapas”?. Yo me pregunto qué quiere decir con “más duchos en torturar que en gestionar”. Si hubieran gestionado bien, ¿era un poco más justificable la tortura en su visión acaso? No quiero achacarle esto, pero verdaderamente el comparativo me deja espacio para la duda.
El párrafo siguiente usa el argumento ya rebatido de la plaza llena. Pero resulta sorprendente el grado de mezquindad y el deseo obsceno de inducir al lector a la impostura cuando la autora dice: “Y a los que una vez retornados al continente se los abandonó a su suerte y a sus derrapes mentales. "País solidario" se suelen ufanar, al menos en la televisión.”.  Los veteranos de guerra fueron abandonados a su suerte, es cierto, y por décadas. Pero el logo de “País solidario” es usado por este gobierno, y es este gobierno el que ha comenzado a dignificarlos. La última medida concreta es el anuncio de la creación de un hospital de salud mental. La autora deliberadamente (no creo en su inocencia) coloca al kirchnerismo/cristinismo en 1983, como si no hubieran pasado 20 años entre que termina la guerra y el kirchnerismo llega al poder en 2003. Pero bueno, esa es la prensa que tenemos en el país. Poca prensa independiente, algo de prensa oficialista (que se reconoce así), y mucha prensa golpista (disfrazada de independiente).
Luego emprende en el párrafo de la doble negación a la que hacía mención al inicio. No puede entenderse todo el ejemplo de la India más que como una nueva masturbación intelectual para darle sustento a un artículo plagado de argumentos de fondo que son paupérrimos en su fortaleza estructural.
La cosmovisión de la autora queda evidenciada cuando llama a la dupla Sarkozy-Merkel los “vigilantes del desquicio en que se ha convertido la Unión Europea”. Así, sin paréntesis mediante, sin una pequeña aclaración siquiera, toda su mezquindad queda expuesta. ¿Quién los erige? ¿Qué intereses defienden? ¿Son sólo parte de la solución Francia y Alemania o también son parte del problema?¿A qué se refiere con “desquicio”? Sin aclarar estas cuestiones básicas, y siguiendo la forma en que interpreta la autora la realidad doméstica, esta sola frase no hace más que reforzar su miserabilidad. La autora podría excusarse en una falacia de apelación a la ignorancia si no se tropezara con su verborragia, pero no se contiene y equipara el ajuste griego a la situación argentina actual. Poner a la situación actual griega con la situación actual argentina en la misma oración y como equivalentes (y acudiendo a la última línea del párrafo de la autora) apesta a ignorancia y desesperación. Su ignorancia absoluta y su desesperación por instalar la situación que le gustaría que viviésemos. Y esto no es mi imaginación, basta hacer una búsqueda mínima en youtube para ver múltiples videos y oír audios de la señora diciendo “con tal de que se vayan”, “hay que hacer algo para que se vayan” (en relación al kirchnerismo).
A esta altura no debe resultar paradojal que termine su artículo con una falacia: “Por favor, dejemos en paz a esos isleños que tienen muchas más posibilidades que nosotros de llegar a ser un país en serio.”, ella bien sabe que los isleños pretenden seguir siendo parte del Reino Unido, por lo cual no estarían pidiendo ser un país independiente, simplemente seguir siendo una colonia implantada tras la invasión de 1833. Francamente no se podía esperar otra cosa de una mujer que al referirse a otra mujer (en este caso la Presidenta de la Nación) haya dicho barbaridades como “es tan hincha pelota que una cachetada no le viene mal” (que aclare con risas socarronas que es una barbaridad no disminuye la bestialidad de lo dicho), “esta mujer que viaje que parece que le hace bien”. Que además dijo “Carlos Saúl se rodeó de gente formada e inteligente. Tuvo un canciller como la gente” Yo me pregunto a qué se refiere cuando dice “como la gente”, ¿gente como ella? Luego habla de mediocridad en los funcionarios kirchneristas e insta a mandarlos al colegio. Bueno, hay que mirar un poco menos la paja en el ojo ajeno y empezar por tomar un cursito de redacción si es escritora y periodista. Sería bueno disminuir las pasiones para escribir artículos más inteligentes, o cuanto menos no tan burdos,  que  no subestimen a los lectores.

jueves, 5 de enero de 2012

La idiotez fundacional de la década infame de los 90's en el pensamiento macrista

Nota escrita el 5 de enero de 2012

El reciente traspaso del subte a la órbita de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires motivó un aumento generalizado y de una sola vez de la tarifa del mismo del 127%. Es cierto que el precio relativo de un viaje en subte respecto de cualquier cosa, por ejemplo: un alfajor Havanna era ridículo, casi un quinto. Cualquiera sabía que ese precio no reflejaba el valor del viaje y que eventualmente debería corregirse. El tema es el “cómo”, “cuándo”, “cuánto”, “por-para qué” y “a quién”. El gobierno PRO, en acciones como ésta hace brillar aun más sus raíces menemistas: sólo comunicó (pensó?) el “cuánto”. Y analizando otras medidas de política del partido de Durán Barba y su muppet carilindo vigoroso que veranea más días de los que trabaja, el recientemente consagrado semental argentino: Mauricio Macri, se puede observar que es una constante, algo sistemático en la toma de decisiones: la unidimensionalidad del razonamiento.

Los 90’s se caracterizaron por la imbecilidad del pensamiento acotado, la mala aplicación de recetas desacertadas  y descontextualizadas y el cipayismo cultural exacerbado. Más allá de todo lo que podría decirse y analizarse sobre los orígenes y consecuencias del fracaso rotundo de la época conocida como “la Convertibilidad”, tanto en términos económicos como sociales, para poder concentrarme en lo que hoy me inquieta, sólo me referiré a UN punto dentro de UN punto que forma parte de los MÚLTIPLES puntos que llevaron al estallido. Me disculpo por la redundancia en el juego de palabras,  pero resulta gráfico y funcional a lo que deseo transmitir en lo que sigue.

Un ítem central del plan económico en el que se enmarcó el régimen de Convertibilidad, fue el de la reducción del tamaño del Estado. Bajo la hipótesis de que el creciente e incontrolable déficit de las cuentas públicas era generado -entre otros motivos- por los rojos de las empresas del Estado y que los mismos inducían la monetización del primero y así el estallido inflacionario, se concluyó -en base a la ideología de  moda de la época-, convirtiéndonos en alumnos ejemplares del FMI, que debía privatizarse absolutamente todo. Con el trabalenguas del párrafo anterior me refería a esto, y en particular, no a la corrupción, ni a los malos esquemas regulatorios (ni su mala aplicación), ni a una larga lista de etcéteras referidos al proceso de privatizaciones sino simplemente a la no contemplación del futuro económico y social de los individuos que perdían sus empleos y el impacto en la sociedad toda y en la macroeconomía futura (ese es el punto dentro del punto de múltiples puntos). Se los indemnizó, se los echó y se privatizó. Esas personas, en la mayoría de los casos, hicieron tan mal uso de sus indemnizaciones que puede contarse con los dedos de pocas manos las que podrían considerarse “inversiones” producto de las citadas indemnizaciones. En la mayoría, su aplicación fue tan errada que deberían denominarse simplemente gastos improductivos, infértiles. Así, una masa gigante de personas fue expulsada del mercado laboral y del consumo agregado contribuyendo a la generación de un círculo perverso de exclusión social que terminaría (salteando varios capítulos y variables sólo para simplificar el análisis) en el estallido de diciembre de 2001.

Pero esto, como decía al inicio, responde a una lógica de pensamiento, y es a esto a lo que quiero apuntar en esta sucinta nota, a la idiotez fundacional de la década menemista, y cómo se la observa a flor de piel en cada medida que toma el muppet Macri. Esta lógica de pensamiento que es acotada, poco brillante, unidimensional y profundamente mezquina necesariamente conduce al fracaso, no hay destino alternativo una vez que se anulan las demás rutas.

Resulta profundamente alarmante y genera impotencia que un partido que quiere disputar el poder en 2015 responda a la misma lógica de pensamiento que la que ya fracasó. Más allá de la ideología política, preocupa la imbecilidad de su cuerpo de “pensantes”. Sin explicar cómo se llegó a la cifra, sin debatirlo, sin analizar las realidades diversas de los usuarios del subte, sin optimizar el sendero de aumentos, de un día para el otro se más que duplicó la tarifa.

¿Los argentinos y argentinas iremos de cabeza de nuevo a lo mismo? ¿Compraremos la matriz, el útero defectuoso del pensamiento noventoso nuevamente? Con pensamiento unidimensional difícilmente haya más de un resultado, esperemos tener la sabiduría para evitar no sólo a Durán Barba, sino a cualquiera que quiera vender estupidez como si fuese otra cosa.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Porqué no es alegría lo que se siente al enterarse de que murió el represor Bussi

Nota escrita el 24 de noviembre de 2011

Muchos de los sectores más reaccionarios de nuestra sociedad no lograrían jamás entender por qué quienes condenamos la última dictadura militar y aplaudimos los juicios que finalmente se están llevando a cabo, no sintamos felicidad con la noticia de la muerte de Bussi. No entienden cómo no podemos compartir esa fibra putrefacta que los hizo sentir alegría el día que murió Néstor Kirchner, esa alegría que manifestó –al menos sin eufemismos- Lilita Carrió, la que no podía ocultarse en la sonrisa socarrona Mariano Grondona o en los editoriales de Rosendo Fraga y otros tantos personajes oscuros y nefastos de la fauna vernácula.

No se siente alegría porque nunca se consideró que la muerte era la salida. Es el ejemplo de búsqueda de la Justicia (la terrenal, la única verdadera) de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, aquellas que sufrieron el dolor más antinatural que puede padecerse que es la pérdida de un hijo o hija, es su ejemplo de paz que los canallas de siempre tratan de embarrar cada vez que pueden para servir a sus fines miserables y que un porcentaje no despreciable de la sociedad, aquel sector cipayo, chato y nostálgico de lo que nunca será, es ágil en defender. Saca los dientes defendiendo el mismo yugo del que queja y cuesta creer que no se de cuenta que defiende a quienes lo somete. Los criminales más atroces, los genocidas del whisky y las tilingas que hasta hoy se pavonean por todos los canales de televisión caminaron impunemente los mismos pasos que los mártires y sus familias. Nunca experimentaron la humillación ni la impotencia del ostracismo al que el Estado expulsó a familiares y demás bienparidos durante décadas coronadas con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final.

No voy a extenderme en esta nota como suele ser habitual en lo que escribo. Simplemente quería dejar claro este punto. No se siente alegría, porque la alegría se sintió en 2008 cuando se le dio su merecida condena.  Ese día, los pasos de ese hombre fueron los pasos de un genocida, de un paria social, ese día se trajo a mucha gente injustamente expulsada a ese exilio de la polis, qué digo de la polis... de la DIGNIDAD. Allí encontramos paz como sociedad. Allí encontraron paz las Madres y Abuelas que nunca más verán a sus hijos, hijas, nietos y nietas. Nunca tendrán quiénes les den nietos, quienes compartan con ellas la comida del domingo ni nadie que las cuide cuando ya no puedan valerse por sí mismas. Allí se acabó la impotencia, se alivió –nunca se curará- el dolor que sintieron, sienten y sentirán hasta el último respiro.

Es por eso que hoy, la muerte de Bussi, al menos para mí es un dato, no menor, pero un dato. La noticia fue su condena de 2008, condena que me dio orgullo de ser argentino, como tantas otras cosas que han ido sucediendo estos últimos años. La alegría la sentí entonces.